Juan Cirerol se planta frente a ti y te mira a los ojos con esa franqueza que sólo la gente del norte posee. Cada vez que esto sucede, los incautos piensan que no se trata más que de un retador buscando puños, sin embargo Juan habla recio y manotea fuerte porque así fue educado, Johnny Cash y Piporro le enseñaron que esa era la forma de defenderse en la vida. El cantautor de Mexicali se ha raspado las yemas de los dedos en taquerías y “pisteadas” de la más baja estofa, él mismo lo ha presumido en numerosas ocasiones y con esto como antecedente acudo a su encuentro en una fonda de la Condesa –esa colonia defeña que lo ha recibido con los brazos abiertos, como si estuviera lista para deshacerse de sus gafas de pasta y ensuciarse con un poco de grasa. Mientras solicita su desayuno, Cirerol me dice que, de desearlo, podría pararse de la mesa que carga nuestros codos para cantar una canción y luego recoger con el sombrero unas monedas. Y no es fanfarronería; él no requiere que las chicas volteen a mirarlo.
El álbum debut de Juan, Ofrenda al Mictlán, contiene trece temas agrestes, nada en ellos ha sido pulido, incluso los eructos son tan importantes como cada rima. Se trata de un cancionero que habla de frente, sin miedo de que su aliento intimide un poco. Cuando recibo el vinil de las manos del propio autor, éste me explica cuál es su origen: “de chamaco jugaba baseball y un día me lastimé jugando. Yo quería una batería, pero mi mamá me trajo una guitarra para que no me aburriera. Por esa época un amigo tenía cassetes de Nirvana y los Beatles y entonces empecé a sacar esas canciones”. Pero antes de Lennon y Cobain existió el abuelo de Juan: “él trabajaba en la frontera y fue quien me enseñó la música norteña y el country. Gracias a él cambié de vida; porque yo antes tocaba en un grupo de punk, pero un día hice una gira por el gabacho y de repente me dije: este no soy yo. Entonces decidí hacer algo que reflejara mi verdadera personalidad. Siempre he dicho que mi tata es mi apá, porque crecí admirándolo, él era ganadero y a mí me gustaba todo lo que él hacía. Es mi principal influencia en la vida”.
Sin embargo, el temario del compositor se localiza lejos del rumiar de las vacas. Algunos se han atrevido a compararlo con el de Rockdrigo, algo que Cirerol descarta categóricamente: “a Rockdrigo lo conocí hace como un año. Lo escuché porque muchos me decían que me parecía a él, pero la verdad es que no es mi fuerte. Es muy bueno, pues, pero no es lo que oigo con frecuencia. Si se trata de eso, a mí me gustaría cantar como Paul McCartney. Ese sí me gusta un chorro, tanto como Chalino Sánchez y El Tigrillo Palma”.
Resulta curioso que la gente que escucha eso que ahora denominan indie te haya adoptado, ¿no lo crees?
A mí no me parece tan extraño porque siempre he pertenecido, de una u otra forma, a esa escena. Yo toco desde los quince años en borracheras de señores y en carnes asadas de narquillos. O sea, para todos; rockeros, fresas, jotos y lesbianas. Y todo fine, siempre. ¿Indie? Qué es eso. Indie era Sonic Youth, ¿no? Yo soy un tacataca, como dicen en mi tierra, y toco donde se pueda y haya billete, por eso, afortunadamente, entro en varios ámbitos.
Pero, eres un ranchero, ¿cierto?
Si, porque acepto mi nacionalidad. Sé que existe rock mexicano desde los años sesenta, nada más que yo me siento más maduro, más chingón, haciendo música norteña. De hecho, estoy seguro de que la música ranchera es más madura que el rock. Pero antes de ser lo que quieran, soy un artista, totalmente. Hay quienes me cuestionan si me considero un poeta, y eso sí no lo sé, porque bueno, hago poesía, pero creo que escribo muy mal. Entonces no soy poeta ni escritor; más bien soy un artista. Hay rachas en las que no escribo canciones, sino puros textos. De hecho tengo un chingo de borradores que formarán algún día un anecdotario que ya estoy terminando.
¿Qué te gusta leer?
Me gusta mucho Charles Bukowski, Gabriel García Márquez y Allen Ginsberg. Así, en ese orden de importancia. También soy muy fan de Roberto Gómez Bolaños. He estado buscando un libro de poemas que publicó hace como seis años y nomás no lo encuentro.
Sueles llamar corridos a tus canciones, ¿por qué?
Sí, es cierto, yo llamo corridos a muchas de mis canciones. Aunque no lo sean propiamente, para mí lo son. Me gustan mucho los corridos, bueno, los de narcos así, explícitos, no tanto, porque no tienen chiste, no hay ingenio en ellos, sino pura violencia; me gustan los corridos clásicos de los ochenta. Yo igual hago corridos, claro que sí. Porque hablo de hechos reales, aunque de situaciones que no necesariamente hablan de contrabando. La verdad es que, básicamente, lo que toco es música norteña mezclada con country y, sin jactarme demasiado de ello, siento que tengo un estilo propio que no fácil de copiar. No hago música cierreña ni sinaloense; he creado un estilo personal bajacaliforniano.
¿Qué opinas de lo que ha hecho Nortec o Líber Terán? Ambos han mezclado música norteña con otras sonoridades tras la caza de una nueva identidad.
Esos son otro patín. Mis influencias son Johnny Cash, Piporro, Cornelio Reina y Los Alegres de Terán -recientemente también Bob Dylan. Líber Terán y Nortec, no sé. Nunca me han gustado. Bostich y Fussible son chingones y a Líber lo respeto, pero no siento que hagan música norteña.
En Ofrenda al Mictlán existen referencias constantes a ciertas drogas, ¿qué tan importantes son éstas en tu vida?
Hace un año fumaba muchas cosas para escribir, no voy a decir cuáles, no tiene caso. Todo artista lo hace alguna vez. Pero no lo necesito más, a veces es bueno drogarse, para abrir ciertas puertas, para visualizar otras cosas. En mi caso, unas cuantas cervecitas son buenas, pero no apoyo el uso de las drogas, pese a que las llegué a usar no digo wow. Tan solo son un instrumento, una vía más.
Por ejemplo, “Toque y rol” condensa el abotagamiento del abuso.
Esa canción la hice luego de un toque de mota, pero nunca la tocaba porque estaba así, incompleta. La neta no tenía pensado grabarla pero al final ahí quedó, la primera toma es la que está en el disco.
De hecho, de cada uno de los temas que incluye tu disco sólo se registró un par de tomas, de ahí escogiste la mejor. Me gustaría saber quién fue el valiente que decidió financiar la edición en vinil de tu debut.
Txema Novelo, el titular de Vale Vergas Discos, y María Alicia Tejeda hicieron el disco y dos videos: “Toque y rol” “Clonazepam blues”. Ellos financiaron el vinil, un artículo de colección. Pero ya estamos planeando otras técnicas para “comercializar” esta onda porque mi tiro es tocar en vivo y de ahí sacar dinero. No toco gratis, a menos que yo quiera. Hago el paro, pero que haya billete, después de todo estoy así de jodido porque ésta es mi chamba.
Juan, ¿en qué momento te decidiste a abandonarlo todo con tal de aferrarte a tu guitarra?
Decidí dedicarme a tocar desde que mi jefe, un vato de una tienda departamental, me mandó a hacer algo y dije ¡a la verga! ¿Por qué estoy obedeciendo a éste cuando puedo ganar más que él? Mi trabajo consistía en acomodar ropa, un trabajo de ocho horas que es lo peor que ha habido en mi vida. Te digo, orita, tocando, me las he visto negras, ha habido días en que no he tenido nada para comer. Pero, ¿qué más puedo hacer? Lo de tocar lo hago con todo el placer del mundo, porque esto es lo que planeo hacer hasta que me muera. A menos que, Dios no quiera, algo me pasara en las manos.
