Dinosaur Jr. (Otros pulsos, otros puños)

Dino

6 de febrero, 2015

El Plaza

Decidimos llamarlo J desde que lo vimos a la distancia y planeamos observar todos sus movimientos. Arrancamos cuando entregó su boleto a las puertas de El Plaza esta noche de viernes y luego se dirigió lo más cerca que le fue posible del escenario para aplaudir la actuación de Hawaiian Gremlins, un combo que abrió su presentación con un homenaje a los Stone Roses para luego presumir cuánto goza de la música de The Drums, ya en los peligrosos terrenos del plagio. Observando atentamente, llegamos a la conclusión de que J no sabe bien quién es Dinosaur Jr., que obtuvo su acceso al concierto gracias a que encontró la respuesta a la pregunta que una revista formuló vía twitter. Que escuchó un par de canciones del grupo de marras en spotify y, sin pensarlo demasiado, tomó su billetera y se dirigió al foro que hoy lo aloja. Claro, está contento porque entró gratis, pero también debido a que el lugar se encuentra atestado de gente que viste como él, habla como él y, seguramente, escucha lo mismo que él. Vemos cómo todos son iguales cuando marcan un punto rojo en los mapas de sus teléfonos con un objetivo: señalarle a aquél que no esté aquí que se encuentra en el lugar equivocado.

Y entonces, cuando el sitio está a punto de transformarse en el patio de un prepa sin prefectos a la vista, un trío de señores toma el escenario. No se visten como J esperaba y cada cual porta una cara tan dura como una pala. El que se cuelga la guitarra es quien más llama la atención de J porque usa gafas aparatosas y una barba tan blanca como la larga mata de cabello que le baña los pezones. ¿Cuántos años tendrá ese sujeto; 40, 50?; ¿habrá formado parte de los Rolling Stones? Además, ¿qué diablos pasará con su instrumento que de él escapa un sonido que hiere los oídos? ¿Nadie va a decirle que algo anda mal con la perilla de volumen de su amplificador? J no alcanza a ver que ese tipo de pelo lacio protege su espalda no con un amplificador, sino con tres, y cada uno tiene elevada su potencia al cuadrado; es decir, el hombre echa mano de 24 bocinas, todas escupiendo distorsión al mismo tiempo. Es por eso que algunos se tapan los oídos. Es por eso que otros prefieren retraerse en la barra. Es por eso un oleaje de escuchas con patas de gallo rasguñándole los ojos va ganando terreno mientras los más jóvenes se van hacia atrás para extraviarse en las penumbras.

De pronto, el apretujamiento comienza a volverse preocupante. J descubre que el suelo, antes firme, ha adquirido la consistencia de un tapete ondulante y que por encima de las cabezas vuelan cuerpos esporádicamente. Por ahí se abre un hoyo entre la madeja de cuerpos y un puñado de infelices organiza un slam mientras a la distancia algún ocioso arroja su envase para empapar los hombros de los desprevenidos. En realidad, la invasión fue discreta, nadie vio venir al batallón de adultos que inundó el foro. En frío, otra generación, quién sabe nacida cuándo, tiene sitiado El Plaza cuando “Out there” toma su turno. Se trata de tipos viejos, ahí están las entradas en sus frentes para atestiguarlo y la marca de sus tenis para corroborarlo; sin embargo parecen haber enchufado sus dedos en la misma toma de corriente que los amplificadores del escenario, porque se sacuden como poseídos y sus rostros emanan una luz que sólo el alumbrado eléctrico podría tolerar. J los mira de reojo mientras el sonido va hipnotizándolo, piensa que más vale fijar su atención en el grupo y ni siquiera rozar a los que bailan iluminados, pues el riesgo de electrocutarse parece alto.

Para cuando los dardos de “Start choppin” se impactan en los pechos más blandos, los millennials parecen haberse perdido de vista. Sin embargo, los pocos que permanecen con la mira en esa chica de cerebro floreado que se proyecta tras la batería, se anuncian afortunados: respiran, y apenas les alcanzan los pulmones, el mismo aire que hace décadas limpió las venas de una generación que no se contentó con saberse grunge; que entendía que la palabra punk aún podía escribirse, con otra tipografía, otro pulso. Otro puño. Quién sabe si J vaya a buscar la discografía de Mascis y los suyos tras este encuentro. Por ahora sólo vemos que aplaude; analizamos cómo lo hace, cuánta fuerza imprime a cada una de sus palmas cuando escucha la versión de “Just like heaven” que tiene lugar bajo los reflectores.

Miramos con atención a J antes de volver con nuestros viejos camaradas, antes de regresar a nuestro tiempo, a nuestro día y a nuestra hora. Y alcanzamos a notar que entre gritos, aquél descubrió que sus oídos podían soportar una carga de ruido malsano, entonces consideramos que J se sabe más fuerte ahora. Claro, envejecer es algo que escapa de su entendimiento, un tema que no pretende indagar a fondo, no de momento; y nosotros tampoco. Tenemos mejores cosas por hacer. Así que le damos al fin la espalda a él, a quien decidimos llamar J, y brindamos. Luego nos reímos, más y más, otra vez, y nos vamos como siempre, juntos a seguir la fiesta a otra parte.

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Guadalupe Plata (El blues, esa penosa obsesión)

Lupe

Me encuentro con Pedro de Dios Barcelo y Carlos Jimena -guitarrista/ vocalista y baterista de Guadalupe Plata, respectivamente- y en nuestra amena baraja verbal arrojamos naipes que lucen las figuras de Bo Diddley y Screaming Jay Hawkins; sin embargo, el tercer elemento de la agrupación no aparece. ¿Dónde está Paco Luis Martos?, pregunto. Y es Pedro quien me responde; “ha ido a hacer una pis, ¿saben en México qué significa eso? Claro, le contesto; aunque acá le decimos “ir a echar una firma”. “Vaya -exclama el guitarrista- eso suena bien, como si uno fuera al banco a hacer algo más importante que una simple meada”. Minutos más tarde aparece el sujeto que faltaba con un “hola, soy Paco y toco el barreño”. Y luego prosigue con detalles de su instrumento musical, uno que se construye con una tina, un palo y un mecate. Algo tan sencillo de comprender como los títulos de las canciones del combo, del tipo “El funeral de John Fahey” y “Jesús está llorando”. Música apestosa a azufre, de cuernos retorcidos y pezuñas afiladas.

A últimas fechas algunos grupos prescinden de los bajistas y, para colmo, llegas tú, Paco, con un instrumento que luce como exiliado de una tlapalería.   

Paco. Y está de puta madre, ¿no? Los bajistas sobran a veces y no es novedad, desde los años treinta era así y no por capricho, sino para crear matices. La música moderna está muy preocupada por sonar con unos súper bajos, frecuencias que no necesariamente deben retumbar en el pecho; nosotros preferimos distinguir otros tonos. Cuando vas a un festival, el bajo te sacude los pulmones y eso nos parece antinatural.

El blues sí que es natural para ustedes, ¿hay que tener el pecho rajado para interpretarlo con decoro?

Carlos. No. Es cierto que el blues nació bajo situaciones muy penosas, pero nosotros no sufrimos tanto. Hablamos de vivencias comunes, como cuando te deja la novia o te emborrachas. Porque intentar repetir las emociones de un bluesman del siglo pasado significaría toparse contra la pared.

En cierta medida, ¿ustedes están tomando la estafeta dejada por esos viejos bluesistas?

Pedro. Sí. Llevamos ocho años tocando con una idea muy clara: empecinarnos en hacer blues y no salir de ahí. Además, hemos puesto parte de nosotros mismos en nuestras canciones para conseguir un sonido auténtico. El blues es para nosotros una obsesión desde que apareció en nuestras vidas porque es sinónimo de pureza, ya sabes, al ver a esos tíos con sus guitarras hechas polvo. Teníamos quince años cuando nos encontramos con el blues y míranos, ya pasados de los treinta y con la obsesión intacta. Aunque nos gusta el flamenco también, así como el country, el jazz y la psicodelia. La música mexicana nos parece alucinante.

Hablando del flamenco y las rancheras, se trata de músicas que sangran de la misma herida que el blues, son así de desgarradas.

Pedro. Es cierto, por eso me encantan Los Tigres del Norte.

Carlos. A mí Los Tucanes de Tijuana. Músicos que emanan un espíritu similar al del blues.

Pedro, ¿tienes algún mote, cómo te gritan tus compinches en tu tierra natal, Úbeda?

Pedro. Me apodan Perico.

Carlos. Aunque en México si te llaman Perico es por otra cosa, ¿verdad?

Así es. Pero cambiemos de tema, ¿de dónde viene el nombre del grupo?

Carlos. Guadalupe Plata es la patrona de nuestro pueblo, una virgen diferente a la mexicana, pequeñita y rodeada de plata.

Pedro. Tomamos su nombre porque hay belleza en ella. Todos se vuelven locos al verla, se pelean por tocarla.

Vaya, finalmente se trata de toda una rockstar

Carlos. Sí tío, ella sí que representa al rock and roll.

Guadalupe plata

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Led Zeppelin (Escalones celestes, retoques eternos)

Photo of LED ZEPPELIN

No es la primera vez que lo hace; Jimmy Page lleva décadas vendiéndonos una y otra vez los álbumes que grabó al lado de John Paul Jones, Robert Plant y John Bonham, siempre con alguna añadidura que, por pequeña que parezca, luce irreprochable. Y es que Led Zeppelin es la clase de grupo que, no importa cuántas veces  repita la operación, siempre que ponga un producto nuevo en los estantes de las tiendas de discos tiene garantizadas ventas holgadas.

Esta vez, con el propio Page como artífice central del proyecto, se ponen a la venta los tres primeros platos editados por el cuarteto inglés con la noticia de que todos han sido remasterizados por Jimmy (así que olvidémonos de las versiones retocadas en 1990, Remasters; y de Mothership, la capa de maquillaje aplicada en 2007). Cada uno de ellos acompañado de extras que van a provocar que las cejas de varios se tuerzan hacia las lámparas. El primer volumen del combo de plomo (Led Zeppelin, 1969) viene acompañado de una ráfaga de temas ejecutados en el Olympia de Francia, en octubre de 1969; al segundo tomo de la historia (Led Zeppelin II, 1969) se adhiere un disco más con mezclas alternas y relucientes versiones, la posibilidad de escuchar dos temas sin la presencia de Plant y un tema inédito: “La la”. Y algo similar ocurre con el tercer peldaño de la escalera celeste (Led Zeppelin III, 1970), robustecido con más tomas diferentes a las definitivas y composiciones flamantes, como “Jennings farm blues”.

Así que ahora el grosor de tu cartera define la dieta de tus oídos. Puedes hacerte de las versiones remasterizadas a solas, o las que traen su siamés prendado del vientre; los viniles que, si colocas sobre una báscula, marcarán 180 gramos; la descarga digital, intangible, para colgarse de la nube; o la edición lujosa que aloja todo lo antes descrito más un libro de pasta dura con 70 páginas repletas de bagatelas para fans, impresiones de las tapas de cada plato -debidamente numeradas- y hasta una réplica del boletín de prensa usado para informar el nacimiento de la primera obra del combo.

No es la primera vez que lo hace. Jimmy nos tiene en sus manos. Y sí, vamos a comprar estos discos de nuevo. Porque el cuero sigue enchinándose cada vez que el riff de “Heartbreaker” raspa las bocinas, porque escuchar “Dazed and confused” a todo volumen con las luces pagadas continúa siendo el viaje más espeso que nadie podrá llevar a cabo jamás, y porque “Immigrant song” operará como himno de batalla para arrastrarse por el piso de la sala hasta que las reumas nos lo permitan.

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The Beatles (Adolescentes fluorescentes)

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Oye. ¿Ya escuchaste el nuevo par de discos de los Beatles? ¿Qué tal, eh? ¿Verdad que hacerlo es como encender la radio con el switch en AM? ¿No es cierto que se antoja prepararse un té y echarse sobre la alfombra con la luz apagada; así, como quinceañera enferma, víctima de la fiebre más violenta, ésa que los doctores de víscera cardiaca llaman amor?

Y no es para menos. Porque cuando George confiesa que su amada nunca sabrá cuánto cariño cabe en su tórax, uno comprende que hay que guardar ese secreto con el mismo afán que se cuida una alhaja. Y al momento que John se desgarra pidiendo no enamorarse una vez más en vano porque, advierte herido, no está capacitado para soportar tal dolor; bueno, ni los tipos más rudos podrían resistirse a darle una palmada en el hombro al caído. O qué decir de la hora en que Paul nos platica que le ha escrito una carta a cierta chica y que, al terminarla, desde un lugar muy lejano y solitario, descubrió que era importante agregar una posdata lapidaria que dijera “te amo”.  ¿Demasiado fervor? Quizás. Afortunadamente Ringo no solía azotarse con el mismo esmero que sus compañeros, así que cuando interpreta su himno desenfrenado a favor de los chicos, esos rompecorazones que regalan besos sin medida, un acto de justa rebeldía tiene lugar.

El catálogo de canciones que los cuatro lacios de Liverpool grabaron para la BBC consta de 275 unidades, todas registradas por la radio inglesa entre 1962 y 1965. Los 59 temas que incluye On air -segunda parte del Live at the BBC, puesto a la venta hace casi veinte años y remasterizado para hacer dúo con su reluciente sucesor- incluyen composiciones de los álbumes Please, please me, With The Beatles, A hard day´s night y For sale mezcladas con sencillos demoledores como “She loves you” y “I want to hold you hand”. Un listado que, haciendo de lado las sesiones piratas y las editadas en los volúmenes antológicos de 1996, califica como lo más cerca que uno puede estar de un directo de los Beatles, claro, sin tener que soportar la gritería de sus fans.

Pero, aguarda, no has contestado. Tú, el chico de con acné en las mejillas: ¿es que aún no tienes el nuevo par de discos de los Beatles? Bueno, hazte de él y escúchalo con los focos apagados para que así aprecies su fluorescencia. Nada más no te calces los audífonos; deja que tus bocinas recobren vida y goza la experiencia, porque abrir un empaque firmado por el sello de la manzana, siempre, es sinónimo de emoción arrebatada. Y eso lo saben bien todas las quinceañeras de corazón, aunque sus pieles ofrezcan hondas cuarteaduras.

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Rhye (El amor es el combustible)

Rhye

La escena se atestigua tecleando el sitio You Tube: una chica es iluminada por la luz parpadeante de una vela que colorea sus facciones de tonos rojizos. Por segundos, la mujer luce apenada, ruborizada; y de pronto parece sentirse orgullosa, plenamente feliz e identificada con lo que sucede frente a ella. Y es que ante sus ojos y oídos –y a espaldas del internauta, entre penumbras- alguien le canta una sentida y sencilla melodía al piano, una tonada de esas que se abren camino con las uñas, nota tras nota, hasta perforar el cuero. “Open”, es el nombre del tema. Y claro, en su momento el video de marras se regó como virus implacable hasta alcanzar miles de likes. Sin embargo, cuando éste fue subido a la red (febrero de 2012), la identidad del cantor en cuestión era un misterio. De hecho, entonces circulaba entre usuarios una pregunta primordial: ¿quién interpretaba esa canción, un hombre o una mujer?

Pronto se sabría que el responsable de la composición era un tipo llamado Mike Milosh y que la protagonista del video era nada menos que su pareja; además, que aquellas imágenes y sonidos contenidos en unos cuantos minutos tenían objetivo tan simple como complejo: hacer un retrato del amor y la sensualidad del modo más honesto posible. “El amor y el sexo son hermosos –reveló el músico para el sitio Pitchfork-, no creo que éstos deban ser presentados de modo grotesco”. Así que para manifestar su repudio ante tal degradación, frente a esa perversión y libertinaje que Mike dice encontrar especialmente en la música pop, decidió aliarse con Robin Hannibal para formar Rhye, una dupla que eligió el anonimato al arranque de su historia para así centrar la atención de sus escuchas en lo que para ella verdaderamente importa, la música.

El primer encuentro entre ambos tuvo lugar durante el verano de 2010, cuando Hannibal se encontraba en su natal Copenague y decidió buscar a Mike, un artista canadiense que se hallaba momentáneamente en Berlín. Jamás se habían visto cara a cara, pero se admiraban mutuamente; el primero formaba parte del dúo Quadron y el segundo llevaba tiempo anunciándose en las marquesinas que proyectan beats electrónicos como Milosh. Finalmente el europeo llamó al americano para que éste cantase en un remix que traía entre manos. En realidad, un boleto de avión de treinta euros y las tres composiciones que durante esa cita confeccionaron los separaban, luego, nada volvería a ser igual. A inicios del siguiente año el par chocaría sus manos feliz, tras enterarse de que el sello Innovative Leissure lo tenía en la mira. El plan fue trazado: grabar un disco juntos era el primer objetivo; elegir un nombre, el siguiente.

¿Qué hay detrás del apelativo Rhye? Sólo sus artífices lo saben. De hecho, se dice que tras bautizar el proyecto formularon con pacto irrompible: jamás revelarían su origen. Y así como fueron herméticos con la raíz de su denominativo, eligieron cubrir sus rostros con un velo. “Es que no creo que a la gente deba importarle mucho cómo luzco, cómo soy –explica  Milosh vía teléfonica desde Canadá-. Para mí, lo verdaderamente relevante son las canciones, ¿qué importa quién sea que las cante? Esa es la razón por la cual durante algún tiempo oculte mi rostro”. Woman (2013) es el álbum debut de Rhye, una colección de temas cuyo perfil es revelado por Michael: “lo describiría como música honesta, básicamente. Rhye es el resultado de una mezcla donde se concentran elementos de r&b, pero también de soul – me encanta la música de Motown- y algo de música electrónica”.

¿Cómo se consigue unir sonidos orgánicos con virtuales sin que el discurso musical se extravíe?

En directo jamás uso samplers, nunca. Si acaso, llegó a utilizar un pedal para hacer loops y un delay para mi voz, no más. El resto de la instrumentación en los conciertos de Rhye es muy orgánica, pues hay un cello, un trombón, un tecladista, un violinista. En realidad, prácticamente todo es ejecutado en vivo. Esto sucede en cierta medida porque trato de mantener una distancia entre  Rhye y Milosh, mi otro proyecto musical. En el segundo caso uso muchos sintetizadores, samplers y todo eso; mientras en el primero me esmero especialmente porque en las canciones sean preponderantes los instrumentos reales.

La mayor parte de Woman fue grabado en Los Ángeles, ¿consideras que el espíritu de la ciudad permeó las composiciones que integran dicha obra?

No creo que las ciudades en donde son grabados los discos penetren en las canciones. Los temas que vienen en Woman hablan de un momento muy especial en mi vida, de cuando me enamoré, y ese sentimiento fue mucho más poderoso que cualquier ciudad donde yo pudiera estar.

¿Qué va a suceder en el futuro, planeas usar el amor combustible por más discos?

Nunca hago planes. Sólo escribo de lo que ocurre en mi vida y listo. Por ejemplo, tengo una canción, “Hunger”, que no habla de amor; aunque la gente piense que es así. Woman tiene muchas canciones de amor, cierto, porque eso era importante para mí cuando las compuse; en el futuro seguiré escribiendo de lo que sea trascendente en mi vida en ese momento.

¿Qué opinas de la forma en la cual son abordadas las relaciones amorosas en la música popular de hoy día?

Creo que la música moderna aborda el sexo de modo misógino. Las canciones hablan de sostener relaciones con varias mujeres, pero jamás de hacer el amor con una sola, con tu esposa, por ejemplo. Yo hablo de personas que se enamoran, porque cuando esto ocurre haces el amor, y eso es diferente. Yo prefiero escribir sobre conexiones profundas, como de mantenerme unido a una persona por el resto de mis días.

Tras conocer tu visión de la música y el amor, muchas personas deben estar ansiosas por escucharte en directo en México, ¿guardas alguna expectativa sobre tu próxima presentación en Lunario?

Estoy emocionado de llegar a nuevas audiencias y tengo la esperanza de que la cita en México se transforme en una noche hermosa. Sin embargo, procuro no crearme expectativas, intento no pensar en qué sucederá. Me gusta vivir el presente, así que lo que sea que vaya ocurrir, que suceda.

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Wisin (Ciudadano en la tierra de la rumba)

Wisin

Wisin jamás se ha ido; siempre ha estado en los oídos de miles debido a que sus rimas no han dejado de fluir al lado de su compañero sonoro, Yandel. Sin embargo, el puertorriqueño anuncia que está de vuelta con un álbum “solista” encargado de darle continuidad a un camino que arrancó diez años atrás. Su título: El regreso del sobreviviente. Y lo de entrecomillar que se trata de un plato manufacturado solitariamente ocurre debido a que al lado del cantautor esta vez se encuentran personajes de la talla de Jennifer López, 50 Cent, Ricky Martin y Franco De Vita, entre otros. Así que la denominada música urbana está de fiesta al ritmo de dieciséis temas donde, como de costumbre, las frecuencias graves retumban en el pecho y las caderas extravían el eje.

¿Qué ofreces en este disco que tus escuchas no  puedan localizar en el temario que has desarrollado con Yandel?

Nunca en mi carrera al lado de mi amigo había interpretado un bolero o una canción electrónica, por ejemplo. Además, en este álbum canto; ya no sólo rapeo, como hacía en el dúo. Por otro lado, cuento con nuevas fusiones de ritmos brasileños; trabaje especialmente en las percusiones y eso me encanta, grabar instrumentos en vivo. En síntesis, he grabado un disco muy versátil debido a que, como siempre, metí mano en la producción, de lleno. Tuve de cerca Franco De Vita, Sean Paul, 50 Cent, en fin, a todos. Este disco tiene romanticismo, dance hall, hip hop.  Es música genuina y honesta.

El listado de invitados es jugoso y se encuentra plagado de vendedores de discos sin reservas.

Francamente no pensé que conseguiría juntar a tantas estrellas en el disco, la verdad, pero gloria a Dios que lo logré. ¿Qué te digo? Franco es  un maestro por la forma cómo compone e interpreta. Es la clase de gente que quiero tener a mi lado, alguien que me ofrezca un consejo con la experiencia detrás de sí. El track que hice con él es probablemente uno de los más grandes que he grabado a lo largo de toda mi carrera.

Sobresale el hecho de que Jennifer López y Ricky Martin estén juntos en un mismo tema, “Adrenalina”.

A todos los invitados en el álbum los admiro y los respeto, trabajar con esta gente es un sueño hecho realidad; pero el hecho de que Jennifer y Ricky estén juntos conmigo en una canción, pues wow, es fabuloso, ¡cómo no estar emocionado! Ambos son grandes artistas, muy profesionales y disciplinados.

El plato arranca con la voz de 50 Cent, ¿por qué lo elegiste a él para abrir brecha?

50 hace la intro de mi disco porque él fue baleado en cierto momento de su vida; es un sobreviviente de la calle, por eso está ahí primero que todos. Él sabe de sobrevivencia.

¿Experimentaste alguna experiencia callejera rijosa alguna vez? 

Me crié en barrios conflictivos. Yo sé de la calle, cómo se vive ahí. Pero he salido adelante. Para mí, es importante que los chicos sepan que vivir en el barrio no significa que uno deba dedicarse a vender o consumir drogas; uno puede crecer. De eso se trata la vida, de crecer todo el tiempo. Puerto Rico es un país hermoso, de gente buena. Es cierto que la economía no está como quisiéramos pero creo que no debemos de quejarnos. Hay que ver lo positivo. Mira lo que está viviendo Venezuela, por ejemplo; eso sí es un caos. El gobierno no ha logrado llegar a un acuerdo con el pueblo. Puerto Rico es tierra bella. Y la gente, repito, es buena.

¿Has meditado la posibilidad de hacer a un lado la fiesta con tal de elaborar letras que aborden la realidad política de tu país? Algo parecido a lo que ha hecho Calle 13, quizá.  

No me gusta tocar esa clase de temas en mis canciones. Amo a mi tierra, allá están mis raíces y me gusta mirar lo positivo. Como te decía, los puertorriqueños somos peleones y estamos preparados. Es una tierra de rumbas y playas lindas, y de eso me gusta cantar a mí.

Algunas personas critican al reggaetón debido a que sus historias repiten los mismos tópicos una y otra vez. Uno de ellos es el papel que la mujer juega en una relación; ciertos escuchas lo consideran denigrante.

El regreso del sobreviviente es un disco donde la mujer no va a sentirse denigrada nunca. Claro, yo tomo ciertos temas con picardía, pero con delicadeza también, para que la mujer no se sienta incómoda. Definitivamente se puede hacer música urbana y hablar de amor. Yo lo he hecho con canciones como “Gracias a ti”, “Lloro por ti” y “Dónde está el amor”. He hecho muchas canciones que hacen que se te erice la piel porque la música rompe barreras y el papel del creador es atreverse a hacer cosas diferentes. Pero en estos momentos de mi carrera no puedo detenerme a pensar en la gente que no está contenta con mis canciones; debo fijarme en mis fans, que son millones. A ese público me dirijo yo; no puedo levantarme pensando en lo negativo porque eso me retrasaría y como antes dije, lo que yo deseo es crecer.

Wisin, ¿habrá un tercer volumen de canciones tuyas como solista?

Por supuesto que sí. Esto no acaba aquí. Hay muchas personas con quienes quiero colaborar aún. Marc Anthony, Shakira, Camila, Prince Royce, Enrique Iglesias. Mucha gente talentosa. Yo pienso que hay que estimular este tipo de encuentros porque el público los disfruta mucho. Además, para mí, una de las cosas más importantes que tengo que hacer es mantener una buena relación con mis fans, es mi trabajo lograr que la magia que hay entre nosotros no se muera nunca.

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Michael Jackson (Sin tiempo para extrañar)

MJ

La muerte es terrible. Y una red social como Facebook suele convertir tal suceso en un funeral eterno debido a que los amigos de quien falleció no hacen más que escribir lo bueno que aquél fue o cuánto lo extrañan. La tecnología puede ser muy cruel con los sentimientos y Xscape, el “nuevo” álbum de Michael, demuestra este hecho cabalmente.

Porque escuchamos la voz de Jackson, impecable, como si cada tema hubiera sido grabado por él hace apenas unos meses. Sin embargo, se trata de tracks vocales que L. A. Reid, el jefe del sello Epic, desempolvó de un baúl de tesoros para darles una maquillada y así sonasen lo más modernos que fuera posible. Para conseguirlo recurrió al talento de Timbaland, a quien rodeó de otros productores como Rodney Jerkins, Jerome Harmon, John McClain y Stargate. El resultado, naturalmente, carece de fisuras. Es decir, si se une el talento de tal combo de manipuladores de perillas a la voz del llamado Rey del Pop, difícilmente se produciría algo aberrante; pero resulta inevitable preguntarse; ¿el dueño de Neverland hubiera aprobado un proyecto con estas características?

En Xscape hay guiños a Bad, Dangerous e Invincible, los últimos discos del cantante –olvidemos la primera producción póstuma, Michael-, y, además de los susurros, falsetes y gemidos del bailarín lunático, podría hablarse de un sello imborrable en las composiciones; ciertas progresiones armónicas, más o menos constantes a lo largo de los discos antes mencionados, algunas percusiones, una especie de soul deslavado y cierto funk contenido. En otro carril, se encuentra el arsenal de sintetizadores y trucos de computadora que los productores de la obra aportaron; los ritmos quebrados, los coros femeninos, la adición de Justin Timberlake. Los recursos de los cuales echaron mano para que pareciera que Jackson está aquí, al día, como sus chasquidos y palmas, esos chispazos rítmicos que parecen imperceptibles pero que dotaron de personalidad a uno de los cancioneros más célebres de la música pop.

Michael ya no habita en este planeta y, por irreal que parezca, vivimos una época donde no le ha sido permitido irse. Por ejemplo, aquí estamos ahora, como si éste fuera su muro de Facebook, diciéndole que extrañamos la época cuando hacía álbumes fabulosos. Confesándole que añoramos bailar Thriller como si eso fuera lo único que importara en la vida.

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