The Hot Rats (23 de enero, 2010)

Soltar unos cuantos billetes por escuchar a dos tipos ejecutando canciones de The Doors y The Kinks no parece una buena idea, pero si quienes se apropian esos clásicos forman parte de Supergrass y editan los resultados con la producción de Nigel Godrich el asunto se pone interesante. Además, mi corazón suele ablandarse si al llegar a la barra de algún sitio el encargado de servir los tragos me ofrece cerveza Bohemia.  Esta vez hay que abrirse paso a codazos con tal de conseguir unos sorbos del líquido  mientras el responsable de ambientar la sala muestra su falta falta de pericia a la hora de jugar al DJ. El sonido resulta poco estimulante para quienes como yo  han pagado su entrada, personas que seguramente conocen bien la forma en la que se incendia un antro con pop británico como combustible. Así que escuchar los sencillos más sonados de Suede, Blur y Oasis en las bocinas del lugar parece una falta de respeto. Amigo “pincha discos”: hoy toca The Hot Rats, ¿por qué no haces a un  lado esa vulgar carpeta de discos y nos pones a bailar un  poco?

La bohemia ya enfría el cuerpo y los silbidos aumentan de volumen cuando Gaz Coombes y Danny Goffey aparecen sobre el escenario. Ahí los tienes, en un club pequeño, sin más parafernalia que unos cuantos tambores y una guitarra. Hacen suyos temas de Beastie Boys, Roxy Music y hasta The Beatles. Irrespetuosa con su concepción original, la dupla modifica la personalidad de los temas hasta volverla agreste, casi punk. Ya se siente el sudor mojar la camiseta, ya llega el deseo de que los compases que conforman “E.M.I.” y “The lovecats” sean el comienzo de una noche salvaje que termine hasta el amanecer. Sin embargo el asunto llega a su fin apenas una hora después de decir hola. Como despedida, el par de ingleses ofrece oro molido a quienes creían que sus viejas ansias adolescentes no se verían aplacadas esta noche. Es “Caught by the fuzz” la que hace que varios vayan en reversa hacia las fechas en que las arrugas aún no agrietaban los rostros. El centro histórico se transforma en Londres por unos pocos minutos y la fría brisa del pop inglés de inicios de los noventa del siglo pasado llega hasta los vecinos del Sanborn´s de los azulejos. Pasa como ruido de fondo para unos adolescentes que revisan la Mojo y la UNCUT, buscando el sabor que hace veinte años Supergrass vendió como néctar impetuoso. Pero apenas es un guiño, un escarceo casi maléfico que lo único que consigue es dejar bien caliente a un público hambriento de esos viejos voltios -y también sediento, porque en la barra anunciaron a temprana hora que la cerveza se había agotado. Cuando Gaz y Danny abandonan el escenario, pocos deciden soportar los toscos movimientos del DJ improvisado. Una vez afuera, inevitablemente me siento estafado. El centro histórico no es Camden. Y la Bohemia no sabe como la Guinness. Nada blando queda dentro de mí un vez que dirijo mis pasos hacia otro bar donde la música pop es entendida de una manera absolutamente distinta.  

  

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Diego Verdaguer

“Comencé mi carrera en Argentina, allá conocí lo que era un escenario, pero mis sueños se hicieron realidad en México, adonde en los años setenta llegué y una compañía de discos me hizo una buena oferta. Desde entonces todo ha salido bien para mí, tanto, que aprendí a amar a México, a su gente”. Así describe Diego Verdaguer su nacimiento como uno de los cantantes más populares que el panorama del pop en México ha conocido. Y respecto al título de su más reciente álbum, Mexicano hasta Las Pampas, también tiene algo qué decir: “Las Pampas son las llanuras argentinas que comienzan en Buenos Aires y acaban por la zona patagónica; mientras tanto, México está ubicado geográficamente en mi corazón. Por eso digo que soy Mexicano hasta Las Pampas”.

Una década sin ofrecer temas inéditos Diego, cuando años atrás confeccionabas puro cañonazo: “La ladrona”, “Nena”, “Corazón de papel”…

Yo lo sé, porque sigo viviendo de lo que esas canciones me dan. Son melodías que siguen en el corazón de la gente, que llenan los teatros, y son maravillosas pero mi historia continúa. Con mi nuevo álbum estoy muy contento, apenas salió a la venta pero le ha ido muy bien desde el comienzo; mi más reciente sencillo, “Voy a conquistarte”, está entre los veinte más escuchados en la radio, un detalle muy halagador para un artista como yo, que lleva tantos años sin ofrecer canciones nuevas.

En este álbum trabajas junto a Joan Sebastian, ¿tú lo elegiste a él o viceversa?

Joan y yo nos conocemos desde hace tiempo, pero nos reconocemos desde siempre. Nunca antes hablamos de hacer un disco propiamente, es más, ni siquiera nos veíamos muy seguido, pero manteníamos una cercanía, algún abrazo fraternal ocasionalmente. Fue hace unos años que comenzamos a frecuentarnos más hasta que un día que estábamos en su estudio él me pidió que le cantara una canción; total, que terminamos grabándola. A los dos días él me llamó y me dijo: “Diego, quiero pedirte algo y no vas a decirme que no; hagamos un disco, quiero que tengas un regreso como me lo imagino, y por eso yo quiero producirlo”. En realidad, fue Joan quien me compartió su entusiasmo y ahora aquí están los resultados.

11 tracks donde además de Sebastian incluyes a tu pareja, Amanda Miguel.

Sí. “Voy a conquistarte”, el primer sencillo, es una elección de Joan para iniciar la promoción del disco, se trata de una canción muy tierna. Luego viene lo que dices; “Quién de los dos será”, un tema precioso que escribí con Amanda, aunque también me ayudó Teodoro Bello (los tres firmamos juntos un par de temas más: “Todos mentimos” y “Ni con santos”). Por cierto, el disco también incluye una pieza que adoro porque la escribí para mi hija Ana Victoria. Cuando se la canté a Joan a él le encantó y me sugirió incluirla, de hecho, él eligió todo el repertorio y estoy muy orgulloso del trabajo que hemos hecho juntos porque para mí, Joan Sebastian es el mejor compositor con el que México cuenta.  

Tanto tú como Joan vivieron los años ochenta a tope, despachaban discos por millares. Ahora que poco queda de esa Industria floreciente, ¿extrañas algo de aquella época?

Mira, hay que ser selectivo con lo que uno escucha, porque la música se lleva en la sangre, entonces hay que saber elegir, para no contaminar el torrente.  En ese sentido yo extraño las propuestas. Hoy en día no hay tantas como antes. Todo parece cortado por la misma tijera y creo que lo que falta son buenas canciones e ingenio en la producción. Antes uno se rodeaba de músicos de primera línea para generar álbumes, había talento; ahora, con la tecnología, cualquier persona puede grabar un disco. Pienso que hay demasiada oferta, tanta que incluso crea confusión y eso complica la situación porque hacerse de un lugar es difícil. Actualmente escucho a pocos artistas con identidad y demasiado refrito, también hay mucha gente exponiendo propuestas demasiado “jaladas”.

Un grupo de rock llamado Interpuesto interpreta tu éxito “Volveré”; la versión me parecía insuperable hasta que supe de tu dueto con Pee Wee, cantando el mismo tema.

De la interpretación que hice con Pee Wee qué te digo, es un ídolo natural y fue a él a quien se le ocurrió invitarme para un concurso por TV. Yo valoro mucho eso cuando viene de un artista joven, básicamente por su inteligencia, porque el chico sabe bien a adónde va. El nivel de audiencia cuando cantamos él y yo fue de casi 30 puntos, una cosa impresionante. Ahora, la reversión de “Volveré” que más éxito ha tenido ha sido la duranguense de K-Paz De La Sierra. La que mencionas de Interpuesto no la he escuchado, pero me gustaría hacerlo, me encanta el rock.

Te creo. En los años setenta tu vestuario y modo de baile seguramente le causaban envidia al mismísimo  Mick Jagger. 

(Risas) Me gusta el rock de toda la vida. Incluso Elvis fue quien me motivó a cantar,  a los seis años. Y yo bailo como me gusta, para mí es algo innato porque así disfruto la música, así me expreso. Ha pasado el tiempo, sin embargo sigo haciendo algo parecido actualmente en los shows e incluso he procurado volver a los arreglos originales de temas como “Y usted qué haría”, para darle ese toque especial de aquellos años y porque lo que yo hago, después de todo, es pop rock, tal como lo hace Zoé y otros grupos.

Para finalizar Diego, me gustaría saber cómo haces para tener un cabello así, ¿es que compartes shampoo con Amanda?

He pasado por épocas en las cuales he tenido más o menos cabello, actualmente lo traigo largo –afortunadamente tengo mucho aún- y sí, a veces Amanda y yo compartimos el shampoo, cuando no tengo el mío a la mano. Pero déjame decirte que con ella no sólo comparto los accesorios de baño; de hecho es ella es quien me los compra. No es que yo no sepa elegirlos, pero es una de las múltiples cosas que Amanda hace por mí. Ella se ocupa de que todo esté al día en mi vida, incluso mi vestuario, es muy amorosa en ese sentido. Dedicada y delicada.

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