Tame Impala (¿Campo Marte huele a mota?)

Míralos. Tan jóvenes, tan graciosos y ¿tan drogados? Y ahora escúchalos; tan dotados de armonías, tan excedidos de talento y ¿tan sinvergüenzas? Permítete dudar, porque la postura de Tame Impala, al menos desde el escenario que los recibe para que ofrezcan su primer concierto en México, puede ser interpretada de diversas formas. Míralos y escúchalos de nuevo: ¿esos cuatro sujetos son unos arrogantes que se colocan como el eslabón perdido del hipster promedio, o simplemente están tan apenados por robarse los discos de sus abuelos que sus flequillos no les alcanzan para esconder sus rostros? Sin un gramo de “glamour” –ese fue un esfuerzo por encontrar un adjetivo que pusiera en contraste “eso” que le sobra a Disco Ruido, el acto abridor- Jay Watson, Kevin Parker, Nick Allbrook y Dominic Simper toman sus instrumentos para repasar a consciencia su álbum debut, Innerspeaker. Apenas hablan entre temas y con dificultad muestran la dentadura, sin embargo desmenuzan cada track con tanta dedicación, que quienes se atreven a olvidarse de la barra libre de bebidas energéticas descubren que lo que esos australianos tocan es el lado B de sus canciones. Y vale la pena cerrar los ojos y tragárselo.

No hay un despliegue de instrumentos vintage sobre las tablas. El detalle más exótico se encuentra en esa replica del bajo que hizo popular el zurdo de los Beatles; el resto es de lo más común. Guitarras y tambores que cualquiera se encuentra en la calle Bolívar, del Centro Histórico. Pero entonces, si todo luce tan normal, ¿de dónde escapa ese humo violeta que ha hecho que todos crean que, efectivamente, los de Tame Impala fuman zacate oaxaqueño para crear temas tan efectivos? A ver, a ver. Por ahí se asoma una laptop con logo de manzana y también un teclado portátil, quizá dentro de esos aparatos se genera la magia. Porque, ¿de qué otra forma uno se explica que esta noche Phil Spector esté aquí, moviendo perillas, lejos de las rejas carcelarias; y que Jimi Hendrix haya entorchado las cuerdas de los australianos con su rizado greñero?

Míralos y escúchalos. Y después ruega porque Dios bendiga al inventor de ese pedal llamado flanger. Oscilante, vertiginoso y mal consejero. La estrella de la noche. Y también suplica porque alguien más allá de las nubes bendiga a Cream. Sí señor, a Ginger, Eric y Jack. Porque sin esos pilares, Tame Impala sería un grupo tan vulgar como Kings of Leon.

(Fotografía de Dominic Simper: Nicole AK)

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