Robben Ford (Una vida contada en años blues)

 

Robben Ford tiene bien definido su horizonte de acción: “mi instrumento es la guitarra y mi inspiración fundamental proviene del blues”. Y es que desde hace décadas el californiano marcó su destino al aferrarse a las seis cuerdas, por eso nadie podría espantarlo con escalas pirotécnicas ni con un arsenal de pedales a los pies; después de todo, el hombre se ha codeado con Miles Davis, George Harrison, Joni Mitchell y Bob Dylan, por sólo mencionar unos cuantos nombres, y su prolífera discografía solista lo avala como uno de los guitarristas más importantes del planeta. Renegade creation es el título de su más reciente álbum -acompañado de Michael Landau (guitarra), Jimmy Haslip (bajo) y Gary Novak (batería)- y la excusa perfecta para descolgar el auricular, marcarle a casa y hacerle unas cuantas preguntas.

Es curioso, el mundo entero conoce tus habilidades como guitarrista, pero pocos saben que tus primeros pasos fueron como saxofonista. ¿Consideras que ambos instrumentos tienen algo en común?     

No. Son totalmente distintos. Me fascina el saxofón, su sonido es similar al de la voz y esa cualidad tan especial es algo que siempre he querido transportar a mi instrumento, la guitarra. Miles Davis dijo alguna vez que desafortunadamente  los saxofonistas tenían la necesidad de respirar, ¿me entiendes? Es decir, en cambio, los guitarristas pueden tocar sin descanso si así lo desean. Apelando a eso, me gusta que la guitarra posea un “estilo vocal”, y esa es una de las principales razones por las cuales me atrae tocar blues con la guitara; porque interpretar blues es como charlar. En realidad, en el blues, la guitarra te cuenta una historia; si pones atención escucharás que está narrándote algo. Y eso, contar una historia y emocionar sin abrir la boca, es algo de verdad especial.

Jamás has tenido, propiamente hablando, un maestro de guitarra.

Al comienzo me dediqué a copiar el estilo de Mike Bloomfield con la ayuda de los acordes básicos que mi padre me enseñó. Y mira, escuchando a Bloomfield no sólo encontré a un héroe, sino una forma simple de aprender a tocar. Aunque después de algún tiempo me di cuenta de que no sabía ni un acorde, así que me hice de un libro para aprenderme unos cuantos.

Si ese manual te ayudó a ser quien eres, se trata de una gran edición, ¿cuál es el título?

No lo recuerdo, pero el autor es Mickey Baker.

Respecto a Bloomfield, ¿qué encontraste en él que te resultó tan inspirador?

Su energía. Cuando tienes 14 años quieres tocar lo más rápido posible para desfogar toda la energía que tienes dentro, y cuando conocí la música de Mike me sorprendió enterarme de que se trataba de un guitarrista que tocaba rápido y duro, es decir, era perfecto. Además, ¿antes de él quién existió? The Beatles y The Rolling Stones, pero sus respectivos guitarristas estaban muy lejos de contar con las cualidades de Bloomfield. En realidad él fue el primer Guitar Hero de la historia.

Hablando de héroes, ¿recuerdas cómo conociste a George Harrison?

Fue a través de Joni Mitchell y Tom Scott, en la época que Ravi Shankar estaba grabando un disco que sería producido por George. Alguna vez me encontraba tocando con Mitchell en Reino Unido y Harrison fue a vernos, nos invitó a su casa –qué digo casa; se trataba de un castillo enorme- y ahí nos platicó que estaba planeando hacer una gira, meses después nos invitó a Tom y a mí a participar en ella.

¿Te gusta su labor como guitarrista?

Aprecio mucho más su trabajo ahora que en los días en que compartimos escenario. Harrison poseía un estilo sencillo, de lo más básico, pero con eso era capaz de sorprenderte. Cuando estuvimos de gira, en realidad viajábamos con mucha gente más, éramos bastantes músicos y eso no permitía que la energía se enfocara correctamente. Además, hacíamos shows larguísimos, de más de tres horas. El trabajo era duro y finalmente lo abandoné, pero fue un honor trabajar con George, hoy día valoro mucho haber compartido momentos con él.

¿Y qué tal Miles Davis? Más allá de la música, ¿cómo era?

Solía ser un provocador. Cuando conocía a alguien se esforzaba por hacerlo sentir incómodo. Parecía un acto extraño, pero lo que buscaba era una reacción, digamos que te estaba probando. Por fortuna yo me di cuenta de eso pronto y reaccioné positivamente; descubrí que no podía permitir que me intimidara. Pero, créeme, no era fácil responderle a un tipo como él. O sea, ¡era Miles Davis, el súper héroe! Creo que yo fui capaz de ponerme a la altura de sus exigencias y eso le encantó, porque justamente esa era la clase de músico que buscaba. Nuestra relación fue de lo más generosa, al final dejé a la banda porque tenía planeado hacer un disco solista, sin embargo Miles fue muy claro conmigo: “cuando quieras volver, hazlo”, me dijo. Dejó las puertas de su palacio abiertas para cuando deseara volver. Un honor más para mí.

Conociendo los múltiples estilos que abordas con la guitarra, ¿quién eres Robben; un guitarrista que toca blues o un bluesista que a veces toca otros géneros?

El blues es definitivamente mi más importante influencia. Cada vez que tomo la guitarra, de manera inconsciente lo primero que toco es algo que tiene qué ver con el blues, como que lo hago ya sin pensar. Fundamentalmente me considero un bluesista, pero antes de ello soy un músico, porque escucho muchos otros estilos y géneros musicales, y todos ellos, de alguna u otra forma, terminan influenciándome. En Renegade creation hice música de lo más diversa la lado de Jimmy, Gary y Michael; rock, blues, r´n ´b, pop…

En ese rol, tratándose de un grupo de músicos de tan alto nivel, ¿cómo se encuentra su relación al momento de tocar juntos?

Todos amamos a la banda y disfrutamos escucharnos tocar juntos. Regularmente toma algo de tiempo que un grupo de músicos se compenetre verdaderamente, quiero decir, a nivel personal y emocional, pero acá todos somos amigos, qué digo amigos, algo más que eso; es como si estuviéramos casados porque de verdad mantenemos una relación muy cercana. Llevamos alrededor de dos años tocando juntos y creo que ahora estamos en un muy buen momento, creando una buena energía en el escenario pues, además de disfrutar el show, ofrecemos una experiencia fabulosa para la audiencia porque interactuamos de una manera especial.

Antes de decir adiós, Robben, platica de dónde sacaste la guitarra que aparece en la portada del álbum Truth.

Fue hecha por una laudero japonés, Taku Sakashta. Un día apareció con ella y me encantó, así que apenas le hice unos cuantos arreglos y listo, la traje por todos lados como por cuatro años. Pero seré honesto: a mí me gustan las guitarras viejas. Por ejemplo, mi Telecaster del 60. Esa guitarra la compré sin la intención de usarla tanto, de verdad, pero la probé y la hice mi favorita. Hoy sé que es La Guitarra del Blues. Aunque últimamente estoy usando una SG, de Gibson. Fíjate. ¡Ni muerto imaginé llegar a tocar una de esas, pero aquí me tienes!

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Juan Cirerol (Rockeros, fresas, jotos y lesbianas, con ustedes…)

Juan Cirerol se planta frente a ti y te mira a los ojos con esa franqueza que sólo la gente del norte posee. Cada vez que esto sucede, los incautos piensan que no se trata más que de un retador buscando puños, sin embargo Juan habla recio y manotea fuerte porque así fue educado, Johnny Cash y Piporro le enseñaron que esa era la forma de defenderse en la vida. El cantautor de Mexicali se ha raspado las yemas de los dedos en taquerías y “pisteadas” de la más baja estofa, él mismo lo ha presumido en numerosas ocasiones y con esto como antecedente acudo a su encuentro en una fonda de la Condesa –esa colonia defeña que lo ha recibido con los brazos abiertos, como si estuviera lista para deshacerse de sus gafas de pasta y ensuciarse con un poco de grasa. Mientras solicita su desayuno, Cirerol me dice que, de desearlo, podría pararse de la mesa que carga nuestros codos para cantar una canción y luego recoger con el sombrero unas monedas. Y no es fanfarronería; él no requiere que las chicas volteen a mirarlo.

El álbum debut de Juan, Ofrenda al Mictlán, contiene trece temas agrestes, nada en ellos ha sido pulido, incluso los eructos son tan importantes como cada rima. Se trata de un cancionero que habla  de frente, sin miedo de que su aliento intimide un poco. Cuando recibo el vinil de las manos del propio autor, éste me explica cuál es su origen: “de chamaco jugaba baseball y un día me lastimé jugando. Yo quería una batería, pero mi mamá me trajo una guitarra para que no me aburriera. Por esa época un amigo tenía cassetes de Nirvana y los Beatles y entonces empecé a sacar esas canciones”. Pero antes de Lennon y Cobain existió el abuelo de Juan: “él trabajaba en la frontera y fue quien me enseñó la música norteña y el country. Gracias a él cambié de vida; porque yo antes tocaba en un grupo de punk, pero un día hice una gira por el gabacho y de repente me dije: este no soy yo. Entonces decidí hacer algo que reflejara mi verdadera personalidad. Siempre he dicho que mi tata es mi apá, porque crecí admirándolo, él era ganadero y a mí me gustaba todo lo que él hacía. Es mi principal influencia en la vida”. 

Sin embargo, el temario del compositor se localiza lejos del rumiar de las vacas. Algunos se han atrevido a compararlo con el de Rockdrigo, algo que Cirerol descarta categóricamente: “a Rockdrigo lo conocí hace como un año. Lo escuché porque muchos me decían que me parecía a él, pero la verdad es que no es mi fuerte. Es muy bueno, pues, pero no es lo que oigo con frecuencia. Si se trata de eso, a mí me gustaría cantar como Paul McCartney. Ese sí me gusta un chorro, tanto como Chalino Sánchez y El Tigrillo Palma”. 

Resulta curioso que la gente que escucha eso que ahora denominan indie te haya adoptado, ¿no lo crees?

A mí no me parece tan extraño porque siempre he pertenecido, de una u otra forma, a esa escena. Yo toco desde los quince años en borracheras de señores y en carnes asadas de narquillos. O sea, para todos; rockeros, fresas, jotos y lesbianas. Y todo fine, siempre. ¿Indie? Qué es eso. Indie era Sonic Youth, ¿no? Yo soy un tacataca, como dicen en mi tierra, y toco donde se pueda y haya billete, por eso, afortunadamente, entro en varios ámbitos.

Pero, eres un ranchero, ¿cierto?

Si, porque acepto mi nacionalidad. Sé que existe rock mexicano desde los años sesenta, nada más que yo me siento más maduro, más chingón, haciendo música norteña. De hecho, estoy seguro de que la música ranchera es más madura que el rock. Pero antes de ser lo que quieran, soy un artista, totalmente. Hay quienes me cuestionan si me considero un poeta, y eso sí no lo sé, porque bueno, hago poesía, pero creo que escribo muy mal. Entonces no soy poeta ni escritor; más bien soy un artista. Hay rachas en las que no escribo canciones, sino puros textos. De hecho tengo un chingo de borradores que formarán algún día un anecdotario que ya estoy terminando.

¿Qué te gusta leer?

Me gusta mucho Charles Bukowski, Gabriel García Márquez y Allen Ginsberg. Así, en ese orden de importancia. También soy muy fan de Roberto Gómez Bolaños. He estado buscando un libro de poemas que publicó hace como seis años y nomás no lo encuentro.

Sueles llamar corridos a tus canciones, ¿por qué?

Sí, es cierto, yo llamo corridos a muchas de mis canciones. Aunque no lo sean propiamente, para mí lo son. Me gustan mucho los corridos, bueno, los de narcos así, explícitos, no tanto, porque no tienen chiste, no hay ingenio en ellos, sino pura violencia; me gustan los corridos clásicos de los ochenta. Yo igual hago corridos, claro que sí. Porque hablo de hechos reales, aunque de situaciones que no necesariamente hablan de contrabando. La verdad es que, básicamente, lo que toco es música norteña mezclada con country y, sin jactarme demasiado de ello, siento que tengo un estilo propio que no fácil de copiar. No hago música cierreña ni sinaloense; he creado un estilo personal bajacaliforniano.

¿Qué opinas de lo que ha hecho Nortec o Líber Terán? Ambos han mezclado música norteña con otras sonoridades tras la caza de una nueva identidad.

Esos son otro patín. Mis influencias son Johnny Cash, Piporro, Cornelio Reina y Los Alegres de Terán -recientemente también Bob Dylan. Líber Terán y Nortec, no sé. Nunca me han gustado. Bostich y Fussible son chingones y a Líber lo respeto, pero no siento que hagan música norteña.

En Ofrenda al Mictlán existen referencias constantes a ciertas drogas, ¿qué tan importantes son éstas en tu vida?

Hace un año fumaba muchas cosas para escribir, no voy a decir cuáles, no tiene caso. Todo artista lo hace alguna vez. Pero no lo necesito más, a veces es bueno drogarse, para abrir ciertas puertas, para visualizar otras cosas. En mi caso, unas cuantas cervecitas son buenas, pero no apoyo el uso de las drogas, pese a que las llegué a usar no digo wow. Tan solo son un instrumento, una vía más.    

Por ejemplo, “Toque y rol” condensa el abotagamiento del abuso. 

Esa canción la hice luego de un toque de mota, pero nunca la tocaba porque estaba así, incompleta. La neta no tenía pensado grabarla pero al final ahí quedó, la primera toma es la que está en el disco.

De hecho, de cada uno de los temas que incluye tu disco sólo se registró un par de tomas, de ahí escogiste la mejor. Me gustaría saber quién fue el valiente que decidió financiar la edición en vinil de tu debut.

Txema Novelo, el titular de Vale Vergas Discos, y María Alicia Tejeda hicieron el disco y dos videos: “Toque y rol” “Clonazepam blues”. Ellos financiaron el vinil, un artículo de colección. Pero ya estamos planeando otras técnicas para “comercializar” esta onda porque mi tiro es tocar en vivo y de ahí sacar dinero. No toco gratis, a menos que yo quiera. Hago el paro, pero que haya billete, después de todo estoy así de jodido porque ésta es mi chamba.

Juan, ¿en qué momento te decidiste a abandonarlo todo con tal de aferrarte a tu guitarra?

Decidí dedicarme a tocar desde que mi jefe, un vato de una tienda departamental, me mandó a hacer algo y dije ¡a la verga! ¿Por qué estoy obedeciendo a éste cuando puedo ganar más que él? Mi trabajo consistía en acomodar ropa, un trabajo de ocho horas que es lo peor que ha habido en mi vida. Te digo, orita, tocando, me las he visto negras, ha habido días en que no he tenido nada para comer. Pero, ¿qué más puedo hacer? Lo de tocar lo hago con todo el placer del mundo, porque esto es lo que planeo hacer hasta que me muera. A menos que, Dios no quiera, algo me pasara en las manos.

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