Steven Bernstein (Mente ecléctica, música infinita)

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“Cuando era muy joven vi a Louis Armstrong en un programa de TV. Yo tenía como ocho años de edad y ahí, observándolo tocar tan feliz, tan risueño, tan amable, pensé: yo quiero tocar la trompeta”. Steven Bernstein tiene bien claro en qué momento decidió que su futuro estaría ligado al mundo de las partituras; aunque originalmente su plan era otro: “antes de conocer a Louie, lo que quería era subirme a un ring para dedicarme a la lucha libre”. Oficios aparentemente antitéticos que no hacen más que certificar el perfil de Steven, el de un sujeto poseedor de una mente ecléctica.

Ya sea al mando de Sex Mob, de la Millennial Territory Orchestra o con las decenas de músicos con quienes ha compartido soplidos, Steven admite que bajo su cráneo late un cerebro inquieto que jamás descansa. Aislado en su camerino minutos antes de tomar el escenario, borrando las últimas arrugas de su saco cuadriculado, el también arreglista toma asiento en un mullido sillón para hundirse y aceptar su condición: “cuento con una mente ecléctica y por eso mi estilo resulta ecléctico. A mí me gusta Federico Fellini, pero también Godzilla; Julio Cortazar, pero igualmente Batman; Louis Armstrong, y también los Rolling Stones. ¿Me entiendes? Me gusta todo. Y estoy conformado por todos los elementos musicales que me atraen, por toda la música del mundo; formo parte del planeta y por eso disfruto igual la música africana que la de mariachi”.

 ¿Qué es lo que te atrae de los mariachis?

Que son tan emocionales, que su sonido te pega directo en el corazón. Yo imito el estilo de sus trompetistas; procuro emular su vibrato. Porque cuando un mariachi hace una nota larga es posible sentir en sus vibraciones cómo lleva el ritmo, y eso hago yo también.

Qué hay de la salsa, ¿te gusta?

Sí que me gusta la salsa. De hecho, durante algún tiempo toqué con Héctor Lavoe.

¿Y sabes bailar? Es que, ya sabes, suele decirse que los músicos no bailan.

Eso no es cierto. Yo sí bailo un poco. Es que, bueno, tengo que confesarlo; cuando era joven bailaba mucho, pero años después, en California, y más tarde cuando me mudé a Nueva York, conocí a mucha gente que de verdad sabe bailar salsa y entonces decidí que lo mejor era quedarme sentado.

Tras encontrarse con Armstrong frente al televisor, Bernstein fue cuestionado en el colegio; sus maestros le pasaron una serie de imágenes de diversos instrumentos y cuando el entonces niño identificó la trompeta, levantó de inmediato la mano para decir: “ésa, ésa es la que yo quiero tocar”. Con ella como compañera de viaje, el luego joven músico se mudó de su natal California a Nueva York por una razón muy sencilla: “era el lugar donde podía hacer música libremente. Apenas llegué, empecé a juntarme con los músicos de la cuidad”. Un día, uno de los amigos de Steven le comentó que había descubierto un lugar donde se podía tocar y hacia él se dirigieron. Se trataba, nada menos, que del Knittin´ Factory; “un lugar bien pequeño en cuya acera ni siquiera hay avisos –explica Bernstein-, cuando lo conocí fue en la época en que aún iba a la escuela, entonces para mí era como el espacio ideal para ir con los amigos a pasarla bien. Asistía sin expectativas; nunca creí que a la larga se convertiría en la meca de la escena avant garde neoyorquina. Para mí, sólo era un lugar agradable para disfrutar un buen rato”.

Steven, hablando de avant garde, nadie se atrevería a poner en tela de juicio tus dotes como músico; sin embargo, en algunas ocasiones los temas que eliges para reversionar provocan cierta comezón entre los fundamentalistas. Por ejemplo, la desquiciante lectura que haces de “Macarena”, original de Los del Río.

¿Qué hay de malo con esa canción?

Muchos piensan que es horrenda.

Yo no creo que sea una canción horrenda. A las personas que piensan eso tengo algo que decirles: ok, ¿no les gusta? Bueno, cántenme la línea de bajo. Porque si no conocen cómo está conformado ese tema yo me pregunto cómo pueden calificarlo. Los músicos somos como científicos, una vez que escuchamos una canción podemos desmenuzar cada una de sus partes. Y uno de los grandes atributos de esa canción es que -ok, la melodía todos la conocen, es celebre, pero- la línea de bajo es como un loop que yo realcé para lograr un efecto embriagador. No sé cuál será la siguiente canción que elegiré para reversionar (ahora estamos trabajando en temas de películas de Federico Fellini), pero sí puedo decir que no me importa si se trata de algo de Duke Ellington o un tema popular como “Macarena”.

 ¿Quién es Steven Bernstein? ¿Un compositor, un arreglista, un trompetista o un coleccionista de discos? Luego de sorber agua, el trompetista responde: “en el mundo moderno es importante aprender a improvisar. Antes era sencillo todo: nacías, crecías, formabas una familia y morías joven; pero ahora hay tantos adelantos médicos que postergan la muerte, y la mente humana ha alcanzado niveles de abstracción tan fuertes, que todas esas ideas quedaron atrás. Yo hago música, sí, a eso me dedico, pero escribo y ejecuto muchas clases de ella -salsa, swing, rock & roll, free jazz- para muy diversos medios -TV, películas. ¿Cómo podría encasillarme?”.

Resultaría ocioso enlistar a todos los músicos con quienes has tocado, Steven, pero sólo mencionemos unos cuantos para que, con pocas palabras, nos digas qué opinas de cada uno. Comencemos con Lou Reed.

Único. Lo escuchas hacer una nota y lo reconoces. Lo respeto mucho porque cuenta con algo que todos artistas sueñan tener: un estilo propio, inconfundible.

Rufus y Martha Wainwright.

Es curioso este tema porque yo pensaba que Martha era superior a Rufus; ella es una cantante maravillosa pero su hermano posee un talento inmenso: compone, arregla, canta. Son diferentes clases de atributos. Ambos son personas amabilísimas.

John Zorn.

Lo conocí cuando yo contaba con veinte años de edad y es un hombre de lo más generoso. Ésa es una de sus principales virtudes, más allá de las musicales. Le gusta ayudar a la gente, a su comunidad; su trabajo es inspirador.

John Medeski.

Un ser humano puro. Directo, muy conectado con su mundo espiritual.

Marianne Faithfull.

Un personaje. Ella misma presume que la llaman Marianne, “la que lo consigue  en la primera toma”. Pero, ¿recuerdas que hablábamos de que los músicos son como científicos? Bueno, ella no cuenta con esa clase de atributo; sólo intuye, pero con eso le basta.

The Backyardigans.

Un gran trabajo. Me divertí mucho llevando a cabo ese proyecto. Aprendí mucho respecto a timing, a no ser redundante, a no repetir lo que se escucha usualmente.

Alguien abre la puerta del camerino repentinamente y hace una señal. Bernstein se levanta de su asiento de inmediato porque tiene que salir de la habitación que lo resguarda de los aplausos del público. Una multitud aguarda por él, así que toma su trompeta y se alista frente al espejo. Mientras se pone su saco, ya libre de cualquier dejo de arrugas, resulta inevitable verlo como un científico listo para internarse en su laboratorio y, frente a centenas de testigos, ejercer su oficio; uno cuyo fin resulta de lo más generoso: postergar la muerte hasta donde sea posible. “Porque la música es ciencia –advierte Steven antes de perderse tras la puerta-; sin embargo, posee un don excepcional que la aleja de la frialdad: conecta espiritualmente con la gente. Es algo muy loco, ¿verdad? Pero así sucede”. 

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Scott Henderson (El tipo del trabajo duro)

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Antes de formar Tribal Tech, Scott Henderson se codeó con la Elektric Band de Chick Corea y con Weather Report, combos donde puso en manifiesto las influencias que acumuló en Florida durante sus años formativos. Favorito de las revistas Guitar Player y Guitar World, las cuales ya lo han elogiado con premios por su labor como jazzista, Scott ha pisado decenas de escenarios de todo el mundo e, incluso, editado DVD´s (Jazz rock mastery) y libros (Blues guitar collection), así que dirigirse a él para charlar es una invitación difícil de rechazar.

¿Hay algo que deba saber quien planee acercase a tocar la guitarra profesionalmente?     

Lo más importante es saber que hay mucho trabajo por hacer, un detalle que muchas personas no tienen en cuenta. En realidad, hay muchas formas de hacer música y algunas de ellas no requieren de tanto esfuerzo como otras, porque cualquiera puede agarrar una guitarra y aprenderse tres, cuatro acordes, y hacer canciones donde se la pase quejándose respecto a lo infeliz que se siente. Y seguramente ese tipo dirá qué hace música, pero sabes qué, yo lo llamaría basura. Porque si en verdad quieres hacer música tienes mucho trabajo duro por hacer, bastante qué practicar; de hecho, hay que hacer  a un lado mucha vida social con tal de quedarse en casa a practicar. El de la música es un negocio increíblemente competitivo, más que otras disciplinas artísticas como la pintura o la actuación. Hay que estar bien preparado para sobresalir.

Esto indica que, hablando de rock, no te gusta el punk. Grupos como Ramones, The Clash, Sex Pistols…

¡Jesucristo! ¿Qué diablos es eso?

¿Rock & roll?

Rock & roll del malo; Led Zeppelin es rock & roll del bueno, ejecutado por buenos músicos. Todos los estilos musicales cuentan con buenos y malo músicos, y esto incluye al rock. Muchas bandas cuentan con excelentes músicos, como Van Halen, un grupo con un gran guitarrista, un excelente bajista y un muy buen baterista. Siguiendo con el rock, está el caso de Pantera,  un grupo compuesto por músicos que se la pasan bien y afinan sus guitarras, ¿sabes? Pero también me encanta escuchar soul, jazz, funk, country…

Albert King es uno de tus referentes básicos.

Es uno de mis bluesistas favoritos. Es como mi biblia porque desarrolló un estilo agresivo que muchos han tratado de emular, tal como ocurre con Stevie Ray Vaughan para las nuevas generaciones de guitarristas. Cuando uno escucha a Hendrix y a Stevie, básicamente está escuchando a Albert, pero esto no significa que Jimi y Vaughan no contaran con su propia voz, sino que encontraron su estilo escuchando a King. Cuando escucho a Hendrix, siento que estoy frente a Albert King, sólo que con un amplificador Marshall y un pedal fuzz.

Ya que hablas de guitarras, cuéntanos sobre la firma que usas, Suhr.

La guitarra Suhr que uso es prácticamente una copia de la Fender Stratocaster, sin embargo se toca con mayor facilidad debido a que las viejas Strat´s cuentan con un brazo un tanto más redondeado, además de que sus trastes son muy estrechos. Sí, las Suhr suenan como las viejas Strat´s, pero se sienten como una Gibson. Es decir, la mía suena como una guitarra antigua, pero se siente como una moderna. Solía usar Les Paul hace tiempo, pero en cierta ocasión, cuando estaba a punto de presentarme, mi atril de guitarra se vino abajo con mi guitarra y ésta se rompió. La solución era comprar otra Gibson de inmediato, pero estaba muy cara; sólo me alcanzaba para una Stratocaster. Y desde entonces empecé a usarla, por accidente. Repentinamente, aún toco Gibson en el estudio.

Hablabas de Hendrix, ¿has probado el fuzz con su firma?

Lo he usado, es bueno para hacer ruido, básicamente para eso. Amo hacer ruido. En mi escenario suele haber lugar para hacer un poco de ruido…

Así que amas el ruido; pero odias el punk.

En realidad no existe diferencia entre ambos ruidos, pero hay que ubicar contextualmente lo que estás haciendo como músico. No odio a las bandas que mencionaste; sólo no las respeto. Como músico, carezco de idioma; toco blues, jazz, rock, funk… no tengo categoría. Soy suertudo porque crecí escuchando muchos tipos de música y cuando llegó la hora de decidir cómo iba a ser la mía, tomé un poco de todo lo que he escuchado a lo largo de mi vida. Jamás he sido un purista. Volviendo a los punks, es fácil hacer lo que ellos, de hecho, mi hija pequeña podría conseguirlo; si le doy una guitarra es seis meses sería tan buena como ellos. Y yo, pues si estoy lo suficientemente borracho podría poner alguna de sus canciones e, incluso, bailarla. Quienes tocan punk son grandes actores, y en ese sentido resultan sorprendentes, como Jack Nicholson.

Solías tocar con Chick Corea, qué tal la experiencia.

Yo lo odié y él me odió. Con él, aprendí a no dejarme llevar por la cienciología. Créeme, si alguien anda en eso necesita ayuda psicológica. Es algo demoniaco. Chick es la prueba de que se puede ser un gran músico, pero eso no significa que seas inteligente. Es sorprendente para mí que alguien con tanto talento se haya envuelto en toda esa basura. Puedo comprender que algunos sean absorbidos por ese culto, pero ante un tipo así de talentoso uno pensaría que sería más inteligente como para permitirlo. Ocurre también con Tom Cruise, es una actor brillante, pero está en la cienciología; ¿qué tan inteligente puede ser en verdad? ¿Lo has escuchado hablar? Dios mío, carece de inteligencia.

Para finalizar, ¿qué aprendiste de aquellos años de formación en Florida, cuando tocabas en diversos clubes canciones de James Brown y Led Zeppelin?

Es maravilloso tocar la música que amas. En cierta medida, extraño aquellos días porque sentarse a tocar la música de otras personas, sin tomarse la molestia de escribirla, es bien divertido. En cambio, hacer mi propia música significa sentarme por horas a trabajar. Escribir es duro. Alguna vez alguien dijo, no recuerdo quién, que quienes se la pasan bien mientras componen música muy probablemente estén creando pura basura, y yo estoy de acuerdo. 

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César Costa (A su manera, aquí y ahora)

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“¿Quién soy? César Costa. Tengo 54 años cantando y 38 discos grabados; el resultado de muchos años de éxitos y tropiezos. A mi manera es mi álbum más reciente, un trabajo hecho exactamente así, a mi manera”. De esta forma se presenta a sí mismo César para después detallar que Ely Guerra, Bryan Amadeus y Leonel García lo ayudaron a dar un paso adelante en su carrera, “porque me gusta recordar, pero no planeo perderme en mi pasado”.

Muchos te recuerdan por tu labor en los Black Jeans durante la llamada era dorada del rock & roll; sin embargo gran parte de tu repertorio está integrado por baladas.                   

Antes el rock & roll era sencillo de entender: había rock rápido y rock lento, no más. ¿Qué es “Love me tender”, de Elvis, una balada o un rock lento? Yo jamás hice rock acelerado, sino rítmico. Después me incliné hacia la balada, cierto, porque ésta evolucionó al grado de producir canciones tan maduras y magistrales como “A mi manera”, la cual canto en inglés en este disco, por respeto a las versiones de Paul Anka y Frank Sinatra.  

¿Te gusta el rock mexicano actual?

Cómo no. Maná, Café Tacvba, Camila…

Y Ely Guerra, a quien invitaste a cantar en este disco.

A Ely Guerra la admiro mucho, es un encanto. La invité a participar y aceptó generosamente, aunque no nos encontramos en el estudio de grabación, todo fue virtual.

También está Leonel García.

Sí, porque quería grabar una canción inédita con un compositor joven para ver que tan anquilosado me encontraba. Cuando Leonel me mandó “Gracias” me gustó mucho, así que la canté con toda mi entrega y a él igualmente le gustó el resultado. Fue padrísimo cantarla juntos.

Curiosamente trabajaste con Bryan Amadeus, hijo de Javier de la Cueva, quien solía tocar contigo hace tiempo, en los Black Jeans.

Y volví a grabar “El tigre”,  nuestro primer gran éxito como grupo. Me enorgullece recordar esos días porque entonces, por primera vez en la historia, la juventud tomó un papel activo en el quehacer artístico para así crear su propia identidad con la música como idioma. Formé parte de un rompimiento generacional que a la fecha se sigue produciendo.

Retomas igualmente “Noches y días perdidos” y “Tus ojos”, ¿qué puedes decir al respecto?

Que en su momento ni nos enteramos, pero “Noches y días perdidos” marcó el cruce del rock & roll con lo que se llamaría en el futuro “género grupero”. Fue el primer asomo, la punta del iceberg, y ocurrió a finales de los años sesenta. Con ese tema se marca el nacimiento de una especie de rock & roll muy mexicano, o norteño, o cómo quieras llamarle. Por otro lado, “Tus ojos” es una canción que canto regularmente en mis shows porque le doy el lugar que se merece. Su autor, Toño de la Villa, la cantaba muy bonito.

César, para acabar, y sin ánimo de lucir nostálgicos, ¿qué fue lo mejor de tus años  en el rock & roll?

Yo vivo el aquí y el ahora. En mi presente tengo mi pasado y mi futuro. Pero recuerdo con afecto la espontaneidad de esa época, cómo todo era más puro. Entre todos los músicos nos prestábamos amplificadores y guitarras, pero cuando el dinero apareció se perdió un poco aquel sentimiento original, tan genuino.

 

 

 

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Primal Scream (Esa vieja psicodelia)

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Dicen que una vez que la muerte se acerca a apagar el switch de los respiros, una luz se enciende para los moribundos, quienes no tienen más que seguir ese destello antes de bajar los párpados definitivamente. “¡Luz, más luz!”, ésas fueron las últimas palabras del escritor Johan Wolfgang Von Goethe en su lecho de muerte, las mismas a las que ha recurrido Primal Scream para titular su más reciente álbum en un intento más por mantener los suspiros activados. 

No es una casualidad que las obras del escritor alemán y del grupo escocés se encuentren a últimas fechas. En realidad, los autores de Screamadelica tienen harto en común con Fausto, ese célebre personaje abordado por Goethe. Su afán por mantener intacto su espíritu juvenil y una constante tendencia a gozar sin temblores morales de todos los placeres mundanos hacen creer que, tal como Fausto hizo, Bobby Gillespie estrechó la mano de algún ente diabólico con tal de pasarla bien más allá de los escenarios. En ese sentido, More light, el disco más nuevo del combo que lidera, simboliza un espejo al cual Bobby se asoma hoy día para encontrarse con un sonido que se niega a ceder ante los embates del reloj, como si poco hubiera cambiado desde mediados de los años ochenta del siglo pasado, cuando todo arrancó.

The primal scream es un libro publicado en 1970 por Arthur Janov. En él, se plantea la posibilidad de deshacerse de la neurosis atacando los traumas que cada individuo ha ido acumulando desde la niñez, y la mejor forma de sacar a flote tal cantidad de emociones hundidas es, literalmente, gritando como un poseso (John Lennon recurrió a Janov y los resultados pueden escucharse en el álbum Plastic Ono Band, de 1970). Bien, pues Gillespie decidió utilizar esta información para darle nombre al proyecto musical que echó a andar en 1984, cuando, a la par de empuñar las baquetas en The Jesus and Mary Chain, dio vida a Primal Scream con un par de sencillos editados por Creation Records. Sin embargo, fue hasta que Bobby abandonó a los autores de Psychocandy que el tema “Velocity girl” ocupó un lugar especial en las habitaciones de los adolescentes de aquella época. Y es que dicha canción es la primera de una cinta lanzada por la NME titulada C86, un catálogo de grupos provenientes del subterráneo que a la larga se volverían míticos (el listado incluye a The Wedding Present y The Pastels, por ejemplo). 

Sonic flower groove fue el álbum debut de Primal Scream, una extensión del sonido de “Velocity girl” que, podría decirse, opera como un franco homenaje a The Byrds. Aunque el disco que le siguió (Primal Scream, 1989) no mostró vergüenza al dejar en claro que Roger McGuinn no era el único ídolo de Bobby, sino que Mick Jagger también figuraba en su repisa de santos. El ánimo Stone del plato no ayudó al grupo a engrosar su lista de fans, y en cierta medida esto ocurrió debido a que la isla británica decidió despedir los años ochenta con el acid house como estimulante y los modos de Jagger/ Richards necesitaban una aceitada para lucir nuevamente cool. Entonces, los guitarristas encontraron que tenían que compartir protagonismo con los DJ´s si planeaban seguir vivos. Radical, pero cierto. De este modo, Andrew Weatherall fue el elegido por Gillespie para trabajar en un tema, “Reloaded”. Finalmente, su labor generó un cambio tal en el sonido de la banda que, literalmente, un nuevo Primal Scream nació.

La ruta fue clara entonces para la banda: había que llevar al presente el sonido clásico del rock & roll y  Weatherall había demostrado eficiencia al conseguirlo, así que el plan fue aliarse con él y, ayudada por Jimmy Miller (productor de tres discos demoledores de los Rolling: Beggars banquet, Let it bleed y Sticky fingers) y Hugo Nicholson, manufacturar un álbum fundamental en la historia del pop: Screamadelica (1991). Un movimiento definitivo. Porque no sólo el grupo jamás había sonado así; sino que nunca la historia de la música había generado un disco como ése. Screamadelica fue el ojo del huracán para una generación que decidió mantenerse alejada del influjo que al otro lado del océano generaba Nirvana y toda la camada grunge. Se trató de un disco que, de alguna manera, se erigió como una declaración de principios, un manifiesto de resistencia frente a la nación alternativa.  Con un álbum así circulando, en el Reino Unido se aceptó que el rock había evolucionado para encontrar un hábitat amable en la pista de baile; mientras que en América las cosas parecían mantenerse intactas (al menos en la superficie).

Después, alrededor del grupo crecería un hondo y oscuro pozo llamado heroína, y mantenerse a la orilla de tal abismo no fue sencillo. Un EP llamado Dixie narco, numerosos escándalos ovacionados por la prensa barata, cambios en la alineación, una gira con un Depeche Mode instalado en la autodestrucción y el peso de haber generado un álbum del calibre de Give out but don´t give up –muy lejos de la altura de Screamadelica– fueron los factores que hicieron creer que el combo no seguiría más; sin embargo se mantuvo andando – cierto, tambaleante, luchando contra la resaca y el síndrome de abstinencia, pero de pie al fin- con Vanishing point (1997). Después, según ha dicho el propio Bobby, la banda se bloqueó “creativamente, y farmacéuticamente también”.

Para Gillespie, alejarse de las drogas no fue sencillo. De hecho, su estancia en las playas del exceso fue tan prolongada que muchos consideran que la sobriedad y las palabras Primal Scream jamás podrían mezclarse. Sin embargo, Bobby se anuncia limpio para More light, su más reciente trabajo. “Quería traspasar la era oscura para internarme en una buena”, comenta, y advierte que el plato en cuestión aloja “rock & roll energético, de dos guitarras, bajo y batería”. Para conseguirlo, el cantante se ha aliado con Andrew Innes y la producción de David Holmes, además de las participaciones especiales de Robert Plant, Kevin Shields y Mark Stewart (sí, el de The Pop Group). La cuestión es, ¿requerimos de la visión del grupo cuando acaba de hacer una gira presentando íntegramente Screamadelica (por mucho su mejor álbum)? Refiriéndose precisamente a un tema titulado “2013”, Bobby explica que lo suyo hoy día es atacar la “ausencia de disensión/ protesta/ resistencia y odio en la cultura pop contemporánea”. Gillespie se refiere al periodismo, el cine, la moda y, claro, la música, en un momento que califica de “extraño, oscuramente violento y reaccionario”.

“Luz, más luz”, solicitó Goethe antes de esfumarse. Una exigencia que Primal Scream sostiene desde su lecho, como si los vertiginosos focos de aquellos viejos raves -donde las drogas operaban como reinas en agotadoras jornadas de baile- de pronto se encontraran fundidos. Y apenas basta activar el switch para que la experiencia psicodélica se deshaga de la pausa. Y es que casi todos queremos luces otra vez. Somos muchos los que nos anunciamos listos para redescubrir los viejos discos de Primal Scream y con ellos –como Fausto hizo hace mucho- crear un acceso directo a nuestros extraviados espíritus, obviamente, con el exceso como guía de turistas.   

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