The Afghan Whigs (Atados a un sentimiento)

Afghan

Para algunos melómanos resulta penoso aceptar públicamente que desconocen a determinado grupo o solista. Es decir, cuando alguien les habla de un artista extraño, fingen saber de su existencia con actitud chabacana para evitar mofas; pero apenas están a solas, echan mano de la red para investigar de qué diablos se han perdido. A quien esto escribe le ocurrió algo similar hace poco, cuando una amiga me llamó para invitarme a un concierto de The Afghan Whigs y lo único que balbuceé fue un “sí” para ocultar una dolorosa realidad: no tenía la menor idea de quiénes eran ésos.

Aquella vez pude despejar mi duda con un click, sin embargo fui al show con los oídos vendados porque confiaba en mi amiga; ella no iba invitarme a algo malo, ¿cierto? Afortunadamente mi certidumbre no fue violentada y el concierto estuvo espléndido. Precisamente ahí, entre tragos tras el encore, supe que el combo nació en 1986, en Cincinnati, y que gracias a que firmó con Sub Pop dos LP´s y  un EP obtuvo un significativo grado de proyección masiva en una época donde el grunge y el brit pop domaban las listas de hits. Sin embargo, más allá de esto, un par de puntos llamaron mi atención esa noche: la vehemencia con que los asistentes al espectáculo atendieron los movimientos de Greg Dulli (líder del cuarteto) y el desgarro con que éste interpretó sus rimas.

Naturalmente pronto me hice de material de los Afghan, y el que más me atrajo fue Gentlemen, el cuarto álbum del grupo y el primero editado con Elektra (1993). Con éste bajo la axila, Dulli y los suyos rondaron la radio y la TV para engrosar su número de fans pese a que la etiqueta de “grupo de culto” se quedó en su lugar. Y es que los autores de “Be sweet” nunca se codearon con los fans de Pearl Jam; ¿la razón? Greg estaba más cerca de las llagas emocionales de Otis Redding que de la introspección espacial de Jimi Hendrix; de hecho, a veintiún años de la edición de Gentlemen, aún siguen hermanando a los Whigs con el r´n ´b y el soul, pues el desgarro con que son interpretados los once temas que integran dicha obra no conoce descanso (incluso “My curse” fue cantada por Marcy May debido a que Greg no pudo con tal carga sentimental).

Grabado en los míticos Ardent Studios, Gentlemen es re editado hoy día con la compañía de un puñado de demos y lados B, además de versiones en directo e instrumentales. Así que no hay más por esperar: si usted, como yo hace tiempo, desconoce la música de los Afghan, corra a escucharla ya. Sólo que hágalo a solas, como los penosos suelen, porque en una de esas le gana la emoción y, bueno, a pocos les gusta exhibirse en tales condiciones. Melómanos, al fin y al cabo.

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