Nacho Vegas (Curso de artillería exprés con el ciudadano vampiro)

Nacho

Sus seguidores conforman una legión en México, un ejército de pecho herido donde cada uno de sus integrantes repite las rimas que la pluma de su líder traza, siempre con un fervor ciego, estricto. A Nacho Vegas y su cancionero siempre habrá quién los defienda, por eso resulta natural encontrarse con la noticia de que son precisamente los fans del español quienes protagonizarán el video del tema “Ciudad vampira”, incluido en su plato más reciente, Resituación. El plan consiste en que aquellos que lo deseen se graben a sí mismos durante 60 segundos, el tiempo preciso para que retraten de alguna manera los problemas sociales, económicos y  políticos de la actualidad. Además, el hecho entibia los bulbos para la presentación de Vegas en el festival Vive Latino y de paso opera como pretexto para hablar vía telefónica con el cantautor, quien atiende la llamada desde su tierra natal, Gijón.

No es novedad, pero ahora es oficial: tus fans se apropian totalmente de una de tus canciones y protagonizan el video correspondiente.

Ésta ha sido una muy bonita idea de parte de los escuchas, hacer un video colectivo que incluya imágenes de personas de diferentes países de Latinoamérica y España. Es algo que no se me hubiera ocurrido a mí, la verdad. Se trata de dimensionar la canción “Ciudad vampira” a nivel social, otorgarle un aire de denuncia; yo también voy a colaborar con imágenes que registraré en Asturias, frente a un mural que hay allá.

Este tema es tu lectura de “Devil town”, una composición de Daniel Johnston.

Así es, a la música de Daniel Johnston la conocí hace mucho tiempo, desde que yo tenía unos dieciocho años de edad. De hecho la primera canción que llegué a cantar en un pub de Sevilla acompañado de un grupo fue una de Johnston. Era muy fan de él y de toda la música independiente europea y americana. La música de Daniel ha inspirado a mucha gente, él tiene temas muy bonitos incluidos en las cintas caseras que solía editar al comienzo de su carrera y sí, “Ciudad vampira” encuentra inspiración en él; pero yo modifico algunos acordes y tal, es una versión libérrima a la que agregué un fragmento de una versión maravillosa en Euskera que hace Mursego, una artista vasca que me gusta mucho.

“Me encantan los viniles, explorar y redescubrir. A veces me reencuentro con un disco que me gustaba mucho hace quince años y gozo mucho que el paso del tiempo no sea tan importante en nuestra relación. Hay tanta música y tan poco tiempo para escucharla; además, entre más conoces, más te das cuenta de que no alcanzarás a abrazar toda la que quisieras”.

Cantas “vivo en la ciudad más triste de este país, es tan triste esta ciudad que, por aquí, cuando alguien se ríe lo hace mal”; apelando a ese sentimiento, ¿existirán coincidencias entre Gijón y el DF?

En Gijón viven 280 000 personas, es una ciudad pequeñita abierta al mar; en cambio, el DF es un sitio donde se mezcla mucha gente y en ese sentido lo compararía con Madrid, aunque claro, Madrid es mucho más chico que el DF; pero ahí también converge mucha gente que no  precisamente nació ahí, hay ciudadanos de Asturias, Galicia, Murcia o Canarias, yo qué sé. Entonces son personas que se sienten desarraigadas al abandonar sus comunidades de nacimiento, pero es en buena medida gracias a su condición que desarrollan cosas muy bonitas en su nueva residencia. El DF es similar, hay lazos comunitarios creándose todo el tiempo y en ellos se generan cosas muy chulas. Concretando: el DF tiene dimensiones descomunales que para cualquier persona resultan difíciles de aprehender.

Volviendo a “Ciudad vampira” y Johnston, el caso no es aislado, antes hiciste tuya “Simple twist of fate”, de Bob Dylan.

Comencé a hacer una adaptación a esa canción en la intimidad, y no pensaba tocarla jamás, pero en cierta ocasión se montó una fiesta con el pretexto del cumpleaños de Dylan y se presentaron diferentes actos como homenaje, entonces me pidieron hacer un par de adaptaciones y ya, lo hice. En ese tema la primera persona se convierte en una tercera, es un juego maravilloso, un truco de magia que yo he copiado alguna vez. Todo el Blood on the tracks me gusta especialmente, no sé, creo que es confesional y arrebatado y por eso mismo su carácter es universal.

Pienso en Dylan cantando en el Newport Folk Festival, ¿crees que aún exista la posibilidad de cambiar al mundo con una canción?

La música popular es muy poderosa. El simple acto de cantar hace que la gente se sienta empoderada, que considere que sus problemas dejan de ser suyos exclusivamente para transformarse en los de muchos, es un arma que hay que saber usar. No debemos olvidar eso, jamás debemos permitir que la música se transforme exclusivamente en un acto de complacencia con el sistema capitalista; con la música el trato puede ser horizontal.

En ese rol, alguna vez dijiste que Miguel Bosé te generaba asco, aunque no alcanzabas a descifrar la razón. ¿Podrías decir cuál es el artista más nefasto que España le ha heredado a México y viceversa?  

Esa es una pregunta muy comprometedora. Pero aguarda, quiero aclarar eso que dije de Miguel Bosé que, efectivamente apareció como titular en una entrevista, pero se trata de una impresión que suena mucho peor escrita de lo que verdaderamente quise decir. No tengo nada contra Bosé. Y no sé si pase igual en México pero en España él siempre ha estado muy presente, desde los años ochenta, de modo que a mí me remite a una época, a una cultura asociada con el sistema político que se vivía entonces. Es un ícono y como tal él debe saber que se le puede maltratar, pero no es nada personal lo mío contra él, en realidad no le tengo tanta antipatía. Respecto a la pregunta que me haces, no sé, me pones en un aprieto, joder, ¿cuál es el peor artista que le ha dado España a México?

No sé. ¿Las Ketchup?

No. Ellas sólo generaron un éxito y ya está, no hubo daño. No sé… es que respeto mucho a mis compañeros de profesión. Seguro que los hay, varios artistas así, nefastos, pero de momento no se me ocurre ninguno.

Está bien, dejémoslo así. Nacho, por último, cuenta ¿cómo has hecho para conformar una dupla con gente como Christina Rosenvinge o Enrique Bunbury y salir vivo de la experiencia?

Creo que la música en esencia significa colaboración, un acto que tiene más importancia en sí mismo que hablar de nombres propios. Ahora que visite México para el Vive Latino iré acompañado de los músicos que suelen ayudarme en el escenario y todos sabemos que la canción está encima de nosotros mismos. Las personas de las que hablas son compañeros de profesión de quienes he aprendido mucho, de su experiencia. He tenido la suerte de que con ambos han salido discos y eso me gusta, haber estado abierto a que pasara así. Es cierto que las canciones nacen en soledad, pero cuando llega la hora de proyectarlas hacia afuera no hay nada como hacerlo con la ayuda de otras personas.

“La gente que asiste a los festivales se encuentra con una especie de ansiedad debido a que se la pasa moviéndose de un escenario a otro. Hablando de mi próxima presentación en el Vive Latino me parece que uno como artista no puede darse el lujo de sostener un ritmo de menos a más; hay que concentrar la fuerza, ser rabioso e intenso. Aunque a veces es divertido correr riesgos, ir en contra de esa lógica y hacer justo lo que se supone no debería ocurrir”.   

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