Natalia Lafourcade (El reforzamiento de las raíces)

Natalia

“Para hacer mi nuevo disco, Hasta la raíz, procuré no tocar tanto yo, sino armar un grupo de músicos en el cual confiar para que todos aportáramos”. Quien habla es Natalia Lafourcade, quien para su más reciente álbum terminó ejecutando “pianos, teclados, guitarras, vibráfono y mellotrón, además de cantar”; “quería un disco que sonara distinto al homenaje a Agustín Lara que hice previamente, necesitaba crear algo muy mío, honesto y trasparente, que respetara el espíritu de la canción, requería que no se manchara la esencia de cada tema. Buscaba crear canciones que yo pudiera cantar prácticamente a capela.”

¿Qué te hizo llegar a esta necesidad de buscar la raíz de la canción?

Hubo una época donde no podía hacer canciones nuevas y por eso decidí hacer el disco homenaje a Agustín Lara, Mujer divina, para no mal viajarme. Pensé que iba a ser fácil y cuál, fue muy difícil, pero también muy bonito. Después de eso, mi plan era escribir de nuevo, hacer buenas canciones. Porque quería que México tuviera composiciones mías, como las de Lara, un sueño que trajo consigo mucha exigencia de mi parte. Realmente no me preocupé demasiado por acordes o instrumentos; sino por lo que escribía, por lo que cantaba. Mi plan fue recurrir a lo mínimo: voz, guitarra y piano, no más.

¿Cómo saliste de ese bloqueo creativo del que hablas?  

Me gustarme colocarme en la frecuencia de sentarme a hacer canciones. Se trata de periodos donde me vuelvo más receptiva y un poco autista, porque estoy buscando elementos que puedan ser inspiradores. Por ahí me siento con una guitarra y un papel y digo, “ok, voy a componer una canción”, y bueno, no hago nada, nada sale o hago cosas que no me convencen. Puedo pasar días así. Pero a veces me levanto de la cama y mientras me preparo un jugo naranja  nace una canción como “Para qué sufrir”, que en quince minutos la escupí. Entonces tomo mi teléfono y grabo, agarro un papel y hago apuntes. Luego escucho y pienso “hey, ésta puede ser una buena canción”. Un conjunto de cosas se reúnen y de pronto sale a la luz algo que me gusta. “Ya no te puedo creer” la compuse en Monterrey, en tres horas libres que tuve en medio de la promoción de un disco. Necesito estar perceptiva al momento en el cual la canción llegará. Para conseguir esto es importante mi teléfono, últimamente uso mucho mi celular para grabar ideas, de hecho es como mi tercer brazo, una gran herramienta. Apenas llega una idea recurro a mi teléfono para guardarla. Para este disco me di el chance de no pelearme mucho con mi computadora, mi Pro Tools. Me dediqué, como te decía, a componer y componer y después a meterme al estudio a grabar demos.

¿Este plan, el de llevar a la mínima dotación instrumental tus temas, provocó que apreciaras los aciertos y errores de tus canciones con mayor contundencia?

Claro, fue un gran ejercicio, porque había canciones que bajo estos parámetros sonaban de flojera mientras otras, wow, eran muy buenas. Fue fuerte la experiencia, sentí una especie de incomodidad agradable mientras la vivía porque venía de estar acostumbrada a hacer una canción y de inmediato pensar “bueno, le meto un bajo y luego esto y lo otro”; pero ahora no fue así. La canción desnuda estaba antes que nadie.

¿Qué haces con todas las ideas que finalmente no te convencen del todo?

Nada tiro a la basura. Guardo todo en discos duros porque eventualmente podría ocupar algo. También conservo miles de cajas llenas de agendas, diarios y letras de canciones.

De los varios instrumentos que tocas, ¿con cuál te sientes más cómoda?

Me siento bien con mi guitarra y el piano, pero siempre y cuando toque mis propias canciones; si se trata de las de alguien más viene el desastre. La guitarra y el piano son una extensión de mí, de mis capacidades. No podría decir que me considero pianista o guitarrista, sólo toco esos instrumentos para acompañar mi voz. La guitarra y el piano son mis compañeros de viaje. Aunque estoy buscando liberarme de eso, con la banda que me acompaña actualmente no quisiera ser tanto un músico más pues últimamente me he dado cuenta de que me gusta cantar, sólo eso. Mi búsqueda ahora es de pronto tomar el micrófono, sin más, y en otras acompañarme de un instrumento.

Hablas de tu par de compañeros de viaje, sin embargo esta vez preferiste escribir con el ukelele.

Hice muchas canciones en ukelele porque es el instrumento más cercano que tengo, para los viajes resulta chiquito y práctico. Pero al llegar al estudio decidí no meter un sólo ukelele al disco, fue de bye, vamos a explorar otros rumbos, a buscar sensaciones nuevas. Entonces lo que originalmente hacía el ukelele lo pasamos a la guitarra o al piano. “No más llorar”, por ejemplo, la hice en ukelele; pero luego éste se trasformó en un piano. Y me pasa algo extraño con ese tema, por cierto, mi mano izquierda y la derecha se pelean al momento de tocarla, no se sincronizan y, además de ese problema, tengo que cantar. El cerebro se me hace trizas.

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