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M. Ward

A wasteland companion

Merge, 2012

Estamos frente al séptimo disco de Ward, y en él se da cita una lista de músicos que van de Steve Shelley (Sonic Youth) y Howe Gelb (Giant Sand), a Mike Mogis (Bright Eyes) y la compinche más linda del guitarrista: Zooey Deschanel (su colega en She & Him). Sin embargo, pese a su larga trayectoria y jugosa hilera de amigos, el cantante y compositor mantiene la mira fija en una especie de  country pasado de watts (“I get ideas”, “Me and my shadow”, “Watch the show”), en el pop cándido (“Primitive girl”) y en el folk hiriente de tan confesional (“Clean slate”), tal como desde hace años viene haciendo. ¿Estará bien atascarse ahí?, ¿o es que el músico debería girar ciertas tuercas, aceitar algunas bisagras? La verdad es que esa voz suya –adormilada y cálida, desgarrada de tan serena-, así como la aleación melódica, armónica y rítmica que la rodean, ya son un estándar. Persistente, M. Ward ha confeccionado un perfil que lleva tiempo refinando y que alcanza en este disco su certificado de clásico.

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M. Ward (A wasteland companion)

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Tom Waits

Bad as me

Anti, 2011

Levántate. Pero sólo hazlo si quieres de verdad, no porque eso signifique tú única alternativa. Y entonces atrévete a cantar. Aunque, espera, no recurras a actos baratos, eso de ponerte bajo el chorro de la regadera a lastimar tu garganta porque sí, no vale. Sé valiente: párate de la cama y dirígete a un estudio de grabación para juntarte con Keith Richards y David Hidalgo- sí, ese par de sujetos que forjaron sus canas con The Rolling Stones y Los Lobos- y graba un disco. Arréglatelas para confeccionar trece canciones luego de pasar siete años sobándote la barriga. Encuentra el modo de lucir novedoso ante una generación denominada “indie” que apenas conoce tu apellido y sal a las calles con la frente bien arriba porque, después de todo, ¿tú qué diablos tienes que demostrarle al mundo, si a diario te miras al espejo y te reconoces como Tom Waits?

Unta alientos de acero con tu voz más lacerada -esa que recuerda a Screamin´ Jay Hawkins-  y llama “Satisfied” y “Chicago” al amasiato; compórtate ligeramente psicodélico en “Raised right man” y con “Get lost” úntale engrasa a tu copete e insinúate rockabilly. Más tarde, ponte dubitativo y distante al ritmo de “Face to the highway” y hiérete a ti mismo diciendo “Pay me”; luego, recuerda a Roy Orbison en estado etílico con “Back in the crowd” pero no te excedas de miel, mantén tu halo de locura intacto y anúnciate como la mosca flotante en esa apetitosa cerveza denominada “Bad as me”.  Más tarde, solicita un ósculo en “Kiss me”, pero hazlo con la aspereza del vinil como fondo y sin caer en la vulgaridad del romanticismo. Y ya al final, sin lágrimas que te ensucien, considérate la última hoja del árbol a dúo con ese rolling stone de apellido Richards. Y tú, lector, ten valor también. Párate de la cama y escucha “Hell broke luce” en éste, un disco para machos, un álbum para aquellos que saben que la vida se arruga, que va mucho más allá de las gotas que arroja la ducha matutina.

Tom Waits (Bad as me)

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The Raveonettes

Into the night

The Orchard, 2012

El otro día conocí a una chica, Peggy. Fuimos a un club con facha de los años cincuenta donde tocaría un grupo tributo a The Jesus and Mary Chain. Todo anduvo en calma hasta que la nena se pasó de jarabes y terminó buscando puños con los meseros del tugurio. Huimos. Entre risotadas camino a su auto empañó mis gafas al darme un beso bien caliente y, desde entonces, aquélla fue una noche corrida en cuarta velocidad, juntos. Al otro día desperté en su cama. En lugar de cabecera tenía una foto de Elvis con los ojos arrancados. Alucinante. Y sí, Peggy se fue sin despedirse, pero me dejó este EP de los Raveonettes como regalo. “Tan coqueto y perverso como tú”, me escribió en la tapa del plato. Ahora lo escucho y pienso que dura demasiado poco. Y no sé, me parece que algo parecido al amor agoniza dentro de él. En apenas cuatro canciones.

The Raveonettes (Into the night)

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