Mogwai (Más allá de cualquier respuesta)

enero 9, 2014

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Más allá de las canciones, ¿dónde encuentran respuestas quienes aman la música? Es decir, ¿a quiénes se dirigen para satisfacer su hambre de información? ¿Por qué ellos, los amantes anónimos, a diferencia de los músicos que les generan preguntas, nunca tienen suficiente con los discos y los conciertos; por qué siempre necesitan saber más?   

Hace décadas, en una época romántica y arcana, inmensas rodajas de vinil eran vendidas en tiendas departamentales (sí, los discos se encontraban al lado de los tomates) y, una vez pagando su precio a la cajera en turno, el escucha adquiría respuestas al reventar el celofán, leyendo los créditos de álbumes que giraban en tornamesas que raspaban surcos hasta gastarse los compases. Otros, preferían la radio; encendían ese aparato de brujas, sintonizaban su frecuencia favorita y confiaban en todo lo que el dueño del micrófono tuviera por decir al aire. Los últimos, acudían a las revistas especializadas; se hacían de ejemplares donde apareciera esa entrevista exclusiva, aquel análisis sesudo firmado por un tipo que sabía más que nadie. 

Al presente también le encanta el romance y por eso les ofrece a los hambrientos de respuestas muchas más alternativas que el pasado; pero acá vamos a centrarnos en el caso de las revistas, de las aferradas revistas. ¿Por qué? Porque tú eres de los que prefieren ese canal para hacerse de respuestas, por eso tus ojos han llegado hasta este renglón. Sí, tú eres de los que confían en que otro sea quien haga las preguntas por una razón muy sencilla: ese alguien estudió para aprender a hacer buenos interrogatorios, así que no puede fallar. De hecho, para eso le pagan. Y seguramente ahora piensas por qué tanto rodeo para hablar de Mogwai, ese combo escocés que suele rajarles los oídos a los inocentes que consideran que los decibeles en números altos son inofensivos. Pues bien, ahora debes cerciorarte de que, efectivamente, has elegido el canal correcto. Quien esto firma tiene años haciendo entrevistas y, afortunadamente, escribe para ésta, una revista comprometida con ofrecer respuestas interesantes. Por eso Barry Burns accedió a contestar un breve cuestionario. Un listado de preguntas dedicado a quienes necesitan saber más de los creadores de Rave tapes, una obra producida por Paul Savage que me lleva a lanzarle la primera pregunta a Burns:

¿Cómo se sintieron trabajando con Paul?

-A gusto. Él encaja bien con nosotros, nos hace sentir serenos en el estudio.

¿Y ya? ¿Punto final? OK. Barry no planea hablar más al respecto. Sigamos indagando:

Cuenta de la portada del disco, ¿quién la hizo, qué significan todos esos trazos?

- Dave Thomas la diseñó para nosotros. Le pasamos algunas películas que de verdad nos gustan, como Phase 4, de Saul Bass, y él se inspiró en los diseños geométricos de esas imágenes.

Barry es conciso. Lo mejor es poner sobre la mesa un tema que genere discusión. Veamos: Mogwai ha grabado en sellos como Matador y Jet Set records, incluso ha creado su propia firma, Rock Action Records. ¿Qué tal  plantearle cuál es su posición respecto a los sellos independientes justo ahora, que el grupo pone a la venta su nuevo disco bajo el auspicio de un logo legendario como Sub Pop?

¿Qué opinas de los sellos independientes y de su posición dentro de la industria musical actual?

- Me parecen aún más especiales hoy día. Algunas personas están trabajando duro para tener su música disponible y la presentan bastante bien con tal de que ésta sea atesorada. Últimamente hemos comprado unos cuantos viniles con empaques muy atractivos.

No hay demasiado ánimo de ir al fondo en el tema. Quizá picándole un poco las costillas sea posible prenderle la mecha al entrevistado. Torciendo el título de uno de los discos de Mogwai, por ejemplo.

¿Qué piensas de este título: Hardcore will never die, but post- rock will?

- El post- rock murió hace unos diez años, quizá más. Y no me importa hablar más al respecto. Has elegido un terrible, terrible título.

Joder. Se trata de un sujeto duro de tratar. Llegó la hora de hablar de colegas.

¿Te gustan grupos como Fuck Buttons, compuestos por músicos que generan ruido por medio de computadoras y samplers?

- Seguro. Nosotros usamos computadoras y samplers desde nuestro segundo o tercer álbum. Así se incrementa la variedad de sonidos de los que se puede echar mano sin saber tocar los instrumentos que se emulan.  Las computadoras pueden ofrecerle variedad a tus composiciones.

Vaya, parece que ha funcionado, ésta ha sido la respuesta más larga que ha dado. Hay que tirar por esa línea mencionando un grupo que Barry seguramente adora:

Y, ¿qué tal mbv, el nuevo disco de My Bloody Valentine, te gustó?

- Sí, me gustó. Quisiera escucharlo más.

Pf. Mala ruta. Pero no hay que desistir. Vayamos al pasado, a la era en que Burns ni siquiera figuraba en el grupo. Tal vez eso funcione.

¿Recuerdas cuándo escuchaste por última vez el sencillo “Tuner” / “Lower”, cómo te sentiste?

- Creo que eso ocurrió en 1999. No estuve en la banda cuando fue grabado y no suelo escuchar ninguno de nuestros discos.

Bien, el tipo no mira hacia atrás. Se corrió el riesgo, pero no hubo frutos. Aunque al mencionarle su terruño seguro habrá buen reacción. Veamos.  

¿Qué es lo peor de vivir en un lugar como Escocia?

- ¿Lo peor? Supongo que el clima. Es miserable. Horrendo. Pero Escocia tiene grandes cosas, de hecho hay muchas más buenas que malas.

De pronto, recuerdo las veces que he visto a Mogwai en directo. Así que pienso en el grado de decibles que el grupo genera y hago un intento por encontrar empatía con mi entrevistado, como el par de seres humanos que somos.

¿Qué tal la salud de tus oídos? Porque ustedes sí que tocan duro.

- Pues depende de a quién de nosotros se lo preguntes. Algunos siempre hemos usado protección, pero otros lo han hecho recientemente. Personalmente quiero mantener mis oídos en buen estado hasta mi muerte, por eso soy cuidadoso.

En ese sentido, ¿qué tan importante es el silencio en la música de Mogwai?

- No más importante que nada más.

Uf. Me rindo. Vuelvo a Rave tapes, quizá después del tiempo transcurrido la situación sea diferente al respecto:

Barry, ¿cuál es el mejor lugar del planeta para escuchar Rave tapes?

- Un hospital.

¿Un hospital? ¡De plano? Este es el punto final. Sin duda. Para Barry, las respuestas se han terminado; para este sitio, el espacio ha llegado a su límite.  

Muse (Los recuerdos de la gente que aún no ha muerto)

octubre 21, 2013

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El sábado pasado yo estaba mojado. Empapado. Una lluvia mercenaria caía en la ciudad y ahí me encontraba, en Av. Churubusco, esperando a que alguien me diera mi boleto para ver a Muse en el Palacio de los Deportes. Cuando al fin sucedió, descubrí que no se trataba sólo de un ticket, sino de un par. Y que también restaban treinta minutos antes de que el show arrancara. Por suerte tenía saldo, así que le marqué a uno de mis mejores amigos para invitarlo. Y bueno, en realidad yo sabía que él no podía acompañarme; sin embargo le llamé porque pensaba que tú estabas con él, que quizá vendrías. Y, por fortuna, lo hiciste.

En lo que llegabas, me entretuve midiendo cuánta agua es capaz de soportar una gabardina. Y cuando nos encontramos me mojé más, porque la escena del acceso al domo se reproducía en cámara lenta. Una vez dentro del foro, nuestros pies pesaban tanto que tuvimos que comprarnos una cerveza y una coca cola para calentarnos los tobillos. Charlábamos de nada cuando arrancó el espectáculo. Estábamos en pista, muy cerca del escenario, pero tú querías más, así que te dije que yo te seguiría, que caminaras hasta donde te pareciera justo y que desde ese punto disfrutaríamos del show. A partir de ahí, cada canción que Matt Bellamy cantó te acercó más a él, cada vez más y más. Y yo te vi alejarte, perderte en esa maraña de brazos enloquecidos, gritos desgarrados y trazos de orines circundando el aire.

Fui por otra cerveza y me encontré con Gil Cervantes, quien apenas había bajado del escenario. “Yo conozco a ese tipo, aquél que toca la trompeta, estuve bebiendo mezcal con él en un pueblo de Zacatecas hace poco”, te dije antes de perderte entre la multitud; y me miraste incrédulo. Quién sabe si me creíste. Quién sabe si te importó. Quién sabe qué estaba taladrando tu cabeza entonces, cuando el pulso esquizoide de “Madness” retumbaba en mi reblandecido tórax. Lo que sí sé es que entonces ocurrió  el momento más fabuloso que el pop puede regalarle a sus fieles: cuando un ser humano se transforma en una canción. De pronto alcé las manos y choqué mis palmas al ritmo de “Starlight”. Y encontré que en alguno de sus compases estábamos tú y yo, juntos, como siempre, como ocurrió desde que naciste y decidimos que seríamos amigos. Y brindé por ti, por tu risa, por la risa que hace más de una década me dio la lumbre que me hacía falta. Y deseé como nunca que las luces de un puñado de estrellas  nos mantuviera alejados, al menos esa noche, de los recuerdos de la gente a la que no le importa si tú y yo seguimos vivos o ya hemos muerto.

Los Ángeles Azules (El dedo en la llaga)

junio 12, 2013

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Elías forma parte de Los Ángeles Azules y está al tanto de la ola de comentarios que ha producido la irrupción de él y sus hermanos en el sagrado templo del rock hecho en México, luego de su participación en el festival Vive Latino. Sin embargo luce tranquilo, “lo estoy después de haber tocado en el festival –explica-,  porque antes ninguno de nosotros sabía qué iba a pasar, ¿no? Es que se decían cosas malas; cosas buenas. Y estábamos nerviosos. Muchos decían que por qué estábamos ahí, por ejemplo, ya sabes, en las redes sociales. Y ya, pues llegamos, y desde que salimos se volvió una locura. Excepcional. Había más de 40 000 personas”.

Los oriundos de Iztapalapa hicieron recientemente un disco donde participan personajes de la talla de Saúl Hernández (a quien recordamos cantando “La negra Tomasa”), Camilo Lara y Toy Selectah (a quienes recodamos poniendo cumbias tras las tornamesas), Kinky y Los Amigos Invisibles (a quienes hemos visto convocando a bailes que Sonido La Changa ansiaría protagonizar) y Celso Piña (a quien recordamos por… pues por ser un ídolo de muchos rockeros, a pesar de tocar, ay Cristo, cumbia), entre otros más. Bajo esta perspectiva resulta complicado comprender del todo el rencor, en el caso más extremo, y el escozor, en el punto más sereno, que provoca a varios enterarse de que los autores de “Entrega total” engalanan las portadas de publicaciones dedicadas al rock y se pasean muy campantes por las marquesinas que antes le correspondían exclusivamente a los seguidores del ruido que Elvis popularizó mundialmente.

Siendo estrictos, ¿por qué nadie ha dicho cosa alguna tras las presentaciones de grupos como Sonido Gallo Negro o Los Auténticos Decadentes en sitios que van del Multiforo Alicia al Vive Latino? Porque, quién podría dudarlo, se trata de agrupaciones que hacen, con orgullo absoluto, música tropical, tal como Panteón Rococó o Los Fabulosos Cadillacs suelen desde hace mucho. Es decir, ¿de qué privilegios gozan Vicentico y Dr. Shenka para organizar un slam de lo más rabioso y contestatario cuando, a nivel fundamental, hacen lo mismo que Los Ángeles Azules, es decir, eso que muchos denominan “fusión”?

Elías, ¿alguna vez habías tocado ante tanta gente, como ocurrió en Vive Latino?

Ya me había pasado. En Argentina nos dijeron que hubo más de 150 000 personas en un baile nuestro. Eso dijeron en una revista.

¿Había mucha gente bailando en VL?

Sí. Es más, sabes qué, un cuate mandó hacer una cartulina que nos dio mucha risa, decía: ¡a huevo! Nosotros pensábamos, órales, son los fans, la gente que pagó su boleto por irnos a ver.

Hablabas de un nerviosismo previo al show; siendo honestos, ¿cuál pudo ser el peor de los escenarios para ustedes?  

Nos pudieron bajar. A varios grupos antes no los han dejado tocar. Ha pasado, hay antecedentes de que a tal grupo lo bajaron. Para nosotros era la vida o la muerte, porque había medios de Costa Rica y de todo el mundo esperando nuestra actuación. Antes, estuvimos haciendo una campaña para anunciar nuestra entrada al VL, y ni dormíamos de tanto trabajo. Si nosotros no pegábamos se nos caía todo encima. Gracias a Dios todo salió bien.

¿Saben a qué obedece la polémica que ha generado su arribo a un festival como el VL y a una escena como la del rock hecho en México? A mí me parece que se debe a que durante mucho tiempo la cumbia fue una especie de enemigo a vencer, esto ocurrió cuando el rock estuvo prohibido acá y el mundo se dividía en dos bandos; los rockers y los tropicaleros, y las heridas de esa lucha aún no cicatrizan del todo. ¿Sabes de lo que hablo, de que durante mucho tiempo el rock estuvo prohibido en México?

Sí, lo sé. Todo empezó con Avándaro, ¿no? Ahí prohibieron el rock, de ahí se vino la broncota. Entonces todo estaba cerrado para Javier Bátiz y El Tri. Todo eso. Mucha gente quedó marcada ¿verdad? Pero nosotros llegamos a tocar rock. “Soy tu capitán”, de Grand Funk. Hasta cinco horas consecutivas de esa onda de antes, del rock & roll de Enrique Guzmán, tocábamos en los bailes. La cumbia vino después, pero nosotros empezamos haciendo rock hasta que por ai´ del 77 ya nos metimos de lleno a la cumbia. Recuerdo que fue cuando empezó el Acapulco Tropical, y luego Rigo Tovar, entonces nosotros le abríamos los bailes a Los Bukis. Luego vino la onda sonidera de Colombia y dejamos de tocar las de Rigo porque vino una persona y nos dijo que ya no hiciéramos copias, sino nuestras canciones, y nos quedamos un chorro de tiempo sin trabajo por hacer nuestras propias canciones. Fue una bronca hacernos de nuestro propio repertorio.

En esa época tocábamos mucho en los mercados. Y nos daban un boing y una palanqueta con un triangulo de sándwich, eso nos daban de comer. Pero repartíamos tarjetas, llegaba la gente y para el fin de semana ya nos hablaban; “¿ustedes son Los Ángeles Azules? Los escuché en el mercado, véngase a tocar ya, orita, a una fiesta”. De eso vivíamos, de bodas y bautizos. No nos daban mucho dinero, pero mi mamá nos decía “ya con eso tienen para irse a la escuela”.

Y mírense, ahora son rockstars.

Jamás soñamos llegar a esto; sólo queríamos sacar para comer. ¿Sabes cuál era mi sueño? Llegar a la calle donde yo vivía y tener ahí mi autobús estacionado. Jamás pensé en hacerme de un estilo ni conocer a mucha gente importante de Televisa. No imaginé lo que se me venía. Yo le decía a mi  hermana Lupe hace rato: ahora nos ponemos a pensar por qué nos está llegando una segunda oportunidad en la vida, pero Dios es sabio, para él no hay ni antes ni después, todo es a su tiempo.

¿Por qué dices que les llegó una segunda oportunidad?

Es que ya la habíamos pegado antes. En agosto de 1993 grabamos “Entrega de amor” y “Cómo te voy a olvidar”,  y el disco salió en febrero de 1994. Pero en México no había una empresa con visión para apoyarnos. Entonces estaba de moda Banda Machos, luego vino Capaz de la Sierra y así. La gente no ve que en México se usan los grupos como desecho. Te dicen: usted ya fue, ahora viene el que sigue. A las compañías de discos les falta visión. Yo toqué puertas en Fonovisa, les decía “aquí estamos”; bueno, me decían, los voy a proponer, y luego me decían: fíjate que no se va a poder porque ustedes ya tuvieron su época, orita esta tal y tal banda. Las puertas se nos cerraban. Un día los de OCESA me dijeron, “vengan, tienen nombre y éxito y le llegan a todas las clases sociales”. Sucedió de un día otro. Ahora nos metieron al VL y pues está bueno, pero se necesita tener detrás una compañía muy fuerte. Ahora nos dicen: te vas mañana en tal vuelo y te hospedas en tal lugar. Otra cosa.

Tomando en cuenta que sabes lo efímero que resulta todo esto, ¿qué planes tienen como grupo?

Nos sabemos qué va a pasar. A ver qué resulta. Orita no podemos predecir. El pasado ya murió, pero el futuro es  incierto, mejor hay que trabajar bien el presente.

Pues como ocurre con su presente, parece ser que su futuro está en el mundo del rock.

Bueno, es que te estamos manejando los tres mercados, el del rock se nos abrió ahora, pero también el del pop y el natural de nosotros. Primero Dios ya está cayendo trabajo.

Elías, ya lo contaste; solías tocar rock hace tiempo, pero ¿te gustaba de verdad hacerlo o era puro trabajo sucio?

Yo viví las tardeadas del rock. Veía en el poste el anuncio con el precio de la entrada, a cinco pesos, y ya llegaba y había un grupo tocando y alguien cobrando. Orita lo veo todo en mi mente: la puerta y al fondo el grupo de rock. Yo, actualmente pongo mi disco de los Creedence y me visualizo tocando esas canciones, porque es un disco que escucho mientras manejo, de ida y vuelta. A mí me gustan los Creedence igual que las cumbias; participo en los dos géneros y los dos me gustan. Ahora que me acuerdo, ¿sabes cuál más tocábamos hace mucho tiempo? La de “Nací salvaje”. Es más, hasta todavía tengo mi batería Roger´s, de las viejitas, de las primeras. Ya me la iba a tirar mi esposa a la basura hace tres días y le dije “mejor te vas tú antes que mi batería”.

La Barranca (Eclipse de memoria)

junio 7, 2013

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Él le llama a ella y, como de costumbre, quedan de verse ya bien entrada la noche. Todo ocurre en la casa de la mujer, con muchos discos, con muchas canciones. Porque estamos hablando de una época vieja, donde aún se vive con discos. Días donde se pone uno y luego otro, y después uno más, así hasta el amanecer; discos y más discos. Y este par comparte gustos. Escuchan la misma música, se paran a bailar al mismo tiempo cuando uno de los dos presiona play, se disputan por descubrir quién canta más fuerte, quién da el sorbo más largo y quién inhala más profundo. Todo entre estrofas. Y es en medio de los discos que de pronto terminan sin calzones, que de repente ya se están manoseando, que sin casi darse cuenta ya dejaron de reírse y están dándose un beso. Un beso que los lleva a la habitación, adonde se dirigen tropezándose –los pantalones en los tobillos les impiden dar buenas zancadas- acompañados de la botella que compraron en la vinatería, de la cual beben cada vez que sus respectivos sexos se los permiten.

Al otro día, bien temprano, el hombre se levanta de la cama, observa su cara partida por una hacha en el espejo, se enjuaga la boca pretendiendo que eso sea suficiente para matar ese tufo a estiércol que expele, y encuentra a la chica a un lado de la puerta, preguntándole si van a desayunar juntos. Él le dice que no. Seco. Y busca sus zapatos, porque en algún lugar de la sala deben estar. Mientras revuelve discos, encuentra su calzado. Le toma dos minutos conseguirlo, y durante todo ese tiempo puede sentir la mirada de ella, inquisidora, rajando entrañas, como si una luz láser fuese. Me voy, le dice él, y se inclina para besarla. Ella recibe el beso, pero no chasquea los labios a cambio, no truena la boca, la boca seca de una mujer cruda. Él ignora el acto y abre la puerta. Sí que hace frío allá fuera. Entonces recuerda que llevaba una chamarra, así que regresa por ella. Está sobre las bocinas de ese aparato Panasonic que tantas veces les salvó la vida a los dos. Luego, cuando está a punto de largarse al fin, ella se le pone enfrente y así, sin calzones, sin saliva, le dice “ya no vas a regresar ¿verdad?”.

¿Por qué ella dijo eso? ¿Por qué él nunca volvió? Me hago las dos preguntas mientras observo a José Manuel Aguilera cantar “En cada movimiento”. Pienso en respuestas posibles cuando él junta sus manos, como si amasara un puñado de espinas. Siento cómo todo el Teatro de la Ciudad se rinde, se calla, ¿quién podría hablar ante ese movimiento?

La Barranca presenta Eclipse de memoria esta noche. El cuarteto viene acompañado de un marimbero eléctrico, un percusionista y un trío de vientos tibios, metálicos, dulces como la brisa de un cerro zacatecano. Y yo ignoro por qué viene a mí el recuerdo de ese tipo y su amante ahora, en este preciso momento. Tal vez porque José Manuel habla de un cielo lila y de una ciudad enardecida, de seguir a alguien desde ahí. Así que busco respuestas en la butaca de enfrente, justo donde está sentada una chica llamada Pamela; es ella quien aparece en la portada del disco que hoy se presenta, esa tapa que desde que vi me atrajo. Y Pamela aplaude sonriente, la veo hacerlo. El perfil de su rostro ahora está tras el grupo, inmenso, descomunal. Un rostro hermoso que si se voltea nos traga a todos; por eso es mejor que se quede así, de  perfil, quieto. Y que ella, Pamela, permanezca entre sombras, anónima, lejos de la fama. Lo mejor, también, es que ella aplauda por mí; yo no puedo. No puedo, de verdad. Algo fundamental debe estar cruzando mi cabeza, algo frágil y mortal como una flecha. Sí, debe ser algo puntiagudo y asesino. Pero no puedo ir tan lejos como para revelar su forma, su origen, su razón de existir; mucho menos para entrever su daño. Yo sólo pienso en ese par de borrachos amantes y su despedida. ¿Qué tan lastimosa fue con ellos esa mañana en la cual dijeron adiós sin decirlo, después de ser felices tantas veces?

Hay un encore de La Barranca, después de veintitrés canciones tocadas. El tema se llama “Hendrix”. Sí, yo tengo ese disco en casa, el que trae ese track. De hecho, he celebrado sus rimas entre camaradas muchas veces; pero esta vez lo oigo  a solas, lejos de Pamela y la electricidad. Percibo la tonada a la distancia, ya por la esquina del teatro, en la barra de una cantina que vende cada cerveza a dieciséis pesos. Y lo hago pensando cuándo es correcto decir adiós, ¿crudo, por la mañana, esquivando mujeres desnudas; o a la salida de un concierto, sobrio y con el pecho en proceso de enfriamiento?

Steven Bernstein (Mente ecléctica, música infinita)

mayo 15, 2013

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“Cuando era muy joven vi a Louis Armstrong en un programa de TV. Yo tenía como ocho años de edad y ahí, observándolo tocar tan feliz, tan risueño, tan amable, pensé: yo quiero tocar la trompeta”. Steven Bernstein tiene bien claro en qué momento decidió que su futuro estaría ligado al mundo de las partituras; aunque originalmente su plan era otro: “antes de conocer a Louie, lo que quería era subirme a un ring para dedicarme a la lucha libre”. Oficios aparentemente antitéticos que no hacen más que certificar el perfil de Steven, el de un sujeto poseedor de una mente ecléctica.

Ya sea al mando de Sex Mob, de la Millennial Territory Orchestra o con las decenas de músicos con quienes ha compartido soplidos, Steven admite que bajo su cráneo late un cerebro inquieto que jamás descansa. Aislado en su camerino minutos antes de tomar el escenario, borrando las últimas arrugas de su saco cuadriculado, el también arreglista toma asiento en un mullido sillón para hundirse y aceptar su condición: “cuento con una mente ecléctica y por eso mi estilo resulta ecléctico. A mí me gusta Federico Fellini, pero también Godzilla; Julio Cortazar, pero igualmente Batman; Louis Armstrong, y también los Rolling Stones. ¿Me entiendes? Me gusta todo. Y estoy conformado por todos los elementos musicales que me atraen, por toda la música del mundo; formo parte del planeta y por eso disfruto igual la música africana que la de mariachi”.

 ¿Qué es lo que te atrae de los mariachis?

Que son tan emocionales, que su sonido te pega directo en el corazón. Yo imito el estilo de sus trompetistas; procuro emular su vibrato. Porque cuando un mariachi hace una nota larga es posible sentir en sus vibraciones cómo lleva el ritmo, y eso hago yo también.

Qué hay de la salsa, ¿te gusta?

Sí que me gusta la salsa. De hecho, durante algún tiempo toqué con Héctor Lavoe.

¿Y sabes bailar? Es que, ya sabes, suele decirse que los músicos no bailan.

Eso no es cierto. Yo sí bailo un poco. Es que, bueno, tengo que confesarlo; cuando era joven bailaba mucho, pero años después, en California, y más tarde cuando me mudé a Nueva York, conocí a mucha gente que de verdad sabe bailar salsa y entonces decidí que lo mejor era quedarme sentado.

Tras encontrarse con Armstrong frente al televisor, Bernstein fue cuestionado en el colegio; sus maestros le pasaron una serie de imágenes de diversos instrumentos y cuando el entonces niño identificó la trompeta, levantó de inmediato la mano para decir: “ésa, ésa es la que yo quiero tocar”. Con ella como compañera de viaje, el luego joven músico se mudó de su natal California a Nueva York por una razón muy sencilla: “era el lugar donde podía hacer música libremente. Apenas llegué, empecé a juntarme con los músicos de la cuidad”. Un día, uno de los amigos de Steven le comentó que había descubierto un lugar donde se podía tocar y hacia él se dirigieron. Se trataba, nada menos, que del Knittin´ Factory; “un lugar bien pequeño en cuya acera ni siquiera hay avisos –explica Bernstein-, cuando lo conocí fue en la época en que aún iba a la escuela, entonces para mí era como el espacio ideal para ir con los amigos a pasarla bien. Asistía sin expectativas; nunca creí que a la larga se convertiría en la meca de la escena avant garde neoyorquina. Para mí, sólo era un lugar agradable para disfrutar un buen rato”.

Steven, hablando de avant garde, nadie se atrevería a poner en tela de juicio tus dotes como músico; sin embargo, en algunas ocasiones los temas que eliges para reversionar provocan cierta comezón entre los fundamentalistas. Por ejemplo, la desquiciante lectura que haces de “Macarena”, original de Los del Río.

¿Qué hay de malo con esa canción?

Muchos piensan que es horrenda.

Yo no creo que sea una canción horrenda. A las personas que piensan eso tengo algo que decirles: ok, ¿no les gusta? Bueno, cántenme la línea de bajo. Porque si no conocen cómo está conformado ese tema yo me pregunto cómo pueden calificarlo. Los músicos somos como científicos, una vez que escuchamos una canción podemos desmenuzar cada una de sus partes. Y uno de los grandes atributos de esa canción es que -ok, la melodía todos la conocen, es celebre, pero- la línea de bajo es como un loop que yo realcé para lograr un efecto embriagador. No sé cuál será la siguiente canción que elegiré para reversionar (ahora estamos trabajando en temas de películas de Federico Fellini), pero sí puedo decir que no me importa si se trata de algo de Duke Ellington o un tema popular como “Macarena”.

 ¿Quién es Steven Bernstein? ¿Un compositor, un arreglista, un trompetista o un coleccionista de discos? Luego de sorber agua, el trompetista responde: “en el mundo moderno es importante aprender a improvisar. Antes era sencillo todo: nacías, crecías, formabas una familia y morías joven; pero ahora hay tantos adelantos médicos que postergan la muerte, y la mente humana ha alcanzado niveles de abstracción tan fuertes, que todas esas ideas quedaron atrás. Yo hago música, sí, a eso me dedico, pero escribo y ejecuto muchas clases de ella -salsa, swing, rock & roll, free jazz- para muy diversos medios -TV, películas. ¿Cómo podría encasillarme?”.

Resultaría ocioso enlistar a todos los músicos con quienes has tocado, Steven, pero sólo mencionemos unos cuantos para que, con pocas palabras, nos digas qué opinas de cada uno. Comencemos con Lou Reed.

Único. Lo escuchas hacer una nota y lo reconoces. Lo respeto mucho porque cuenta con algo que todos artistas sueñan tener: un estilo propio, inconfundible.

Rufus y Martha Wainwright.

Es curioso este tema porque yo pensaba que Martha era superior a Rufus; ella es una cantante maravillosa pero su hermano posee un talento inmenso: compone, arregla, canta. Son diferentes clases de atributos. Ambos son personas amabilísimas.

John Zorn.

Lo conocí cuando yo contaba con veinte años de edad y es un hombre de lo más generoso. Ésa es una de sus principales virtudes, más allá de las musicales. Le gusta ayudar a la gente, a su comunidad; su trabajo es inspirador.

John Medeski.

Un ser humano puro. Directo, muy conectado con su mundo espiritual.

Marianne Faithfull.

Un personaje. Ella misma presume que la llaman Marianne, “la que lo consigue  en la primera toma”. Pero, ¿recuerdas que hablábamos de que los músicos son como científicos? Bueno, ella no cuenta con esa clase de atributo; sólo intuye, pero con eso le basta.

The Backyardigans.

Un gran trabajo. Me divertí mucho llevando a cabo ese proyecto. Aprendí mucho respecto a timing, a no ser redundante, a no repetir lo que se escucha usualmente.

Alguien abre la puerta del camerino repentinamente y hace una señal. Bernstein se levanta de su asiento de inmediato porque tiene que salir de la habitación que lo resguarda de los aplausos del público. Una multitud aguarda por él, así que toma su trompeta y se alista frente al espejo. Mientras se pone su saco, ya libre de cualquier dejo de arrugas, resulta inevitable verlo como un científico listo para internarse en su laboratorio y, frente a centenas de testigos, ejercer su oficio; uno cuyo fin resulta de lo más generoso: postergar la muerte hasta donde sea posible. “Porque la música es ciencia –advierte Steven antes de perderse tras la puerta-; sin embargo, posee un don excepcional que la aleja de la frialdad: conecta espiritualmente con la gente. Es algo muy loco, ¿verdad? Pero así sucede”. 

Scott Henderson (El tipo del trabajo duro)

mayo 15, 2013

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Antes de formar Tribal Tech, Scott Henderson se codeó con la Elektric Band de Chick Corea y con Weather Report, combos donde puso en manifiesto las influencias que acumuló en Florida durante sus años formativos. Favorito de las revistas Guitar Player y Guitar World, las cuales ya lo han elogiado con premios por su labor como jazzista, Scott ha pisado decenas de escenarios de todo el mundo e, incluso, editado DVD´s (Jazz rock mastery) y libros (Blues guitar collection), así que dirigirse a él para charlar es una invitación difícil de rechazar.

¿Hay algo que deba saber quien planee acercase a tocar la guitarra profesionalmente?     

Lo más importante es saber que hay mucho trabajo por hacer, un detalle que muchas personas no tienen en cuenta. En realidad, hay muchas formas de hacer música y algunas de ellas no requieren de tanto esfuerzo como otras, porque cualquiera puede agarrar una guitarra y aprenderse tres, cuatro acordes, y hacer canciones donde se la pase quejándose respecto a lo infeliz que se siente. Y seguramente ese tipo dirá qué hace música, pero sabes qué, yo lo llamaría basura. Porque si en verdad quieres hacer música tienes mucho trabajo duro por hacer, bastante qué practicar; de hecho, hay que hacer  a un lado mucha vida social con tal de quedarse en casa a practicar. El de la música es un negocio increíblemente competitivo, más que otras disciplinas artísticas como la pintura o la actuación. Hay que estar bien preparado para sobresalir.

Esto indica que, hablando de rock, no te gusta el punk. Grupos como Ramones, The Clash, Sex Pistols…

¡Jesucristo! ¿Qué diablos es eso?

¿Rock & roll?

Rock & roll del malo; Led Zeppelin es rock & roll del bueno, ejecutado por buenos músicos. Todos los estilos musicales cuentan con buenos y malo músicos, y esto incluye al rock. Muchas bandas cuentan con excelentes músicos, como Van Halen, un grupo con un gran guitarrista, un excelente bajista y un muy buen baterista. Siguiendo con el rock, está el caso de Pantera,  un grupo compuesto por músicos que se la pasan bien y afinan sus guitarras, ¿sabes? Pero también me encanta escuchar soul, jazz, funk, country…

Albert King es uno de tus referentes básicos.

Es uno de mis bluesistas favoritos. Es como mi biblia porque desarrolló un estilo agresivo que muchos han tratado de emular, tal como ocurre con Stevie Ray Vaughan para las nuevas generaciones de guitarristas. Cuando uno escucha a Hendrix y a Stevie, básicamente está escuchando a Albert, pero esto no significa que Jimi y Vaughan no contaran con su propia voz, sino que encontraron su estilo escuchando a King. Cuando escucho a Hendrix, siento que estoy frente a Albert King, sólo que con un amplificador Marshall y un pedal fuzz.

Ya que hablas de guitarras, cuéntanos sobre la firma que usas, Suhr.

La guitarra Suhr que uso es prácticamente una copia de la Fender Stratocaster, sin embargo se toca con mayor facilidad debido a que las viejas Strat´s cuentan con un brazo un tanto más redondeado, además de que sus trastes son muy estrechos. Sí, las Suhr suenan como las viejas Strat´s, pero se sienten como una Gibson. Es decir, la mía suena como una guitarra antigua, pero se siente como una moderna. Solía usar Les Paul hace tiempo, pero en cierta ocasión, cuando estaba a punto de presentarme, mi atril de guitarra se vino abajo con mi guitarra y ésta se rompió. La solución era comprar otra Gibson de inmediato, pero estaba muy cara; sólo me alcanzaba para una Stratocaster. Y desde entonces empecé a usarla, por accidente. Repentinamente, aún toco Gibson en el estudio.

Hablabas de Hendrix, ¿has probado el fuzz con su firma?

Lo he usado, es bueno para hacer ruido, básicamente para eso. Amo hacer ruido. En mi escenario suele haber lugar para hacer un poco de ruido…

Así que amas el ruido; pero odias el punk.

En realidad no existe diferencia entre ambos ruidos, pero hay que ubicar contextualmente lo que estás haciendo como músico. No odio a las bandas que mencionaste; sólo no las respeto. Como músico, carezco de idioma; toco blues, jazz, rock, funk… no tengo categoría. Soy suertudo porque crecí escuchando muchos tipos de música y cuando llegó la hora de decidir cómo iba a ser la mía, tomé un poco de todo lo que he escuchado a lo largo de mi vida. Jamás he sido un purista. Volviendo a los punks, es fácil hacer lo que ellos, de hecho, mi hija pequeña podría conseguirlo; si le doy una guitarra es seis meses sería tan buena como ellos. Y yo, pues si estoy lo suficientemente borracho podría poner alguna de sus canciones e, incluso, bailarla. Quienes tocan punk son grandes actores, y en ese sentido resultan sorprendentes, como Jack Nicholson.

Solías tocar con Chick Corea, qué tal la experiencia.

Yo lo odié y él me odió. Con él, aprendí a no dejarme llevar por la cienciología. Créeme, si alguien anda en eso necesita ayuda psicológica. Es algo demoniaco. Chick es la prueba de que se puede ser un gran músico, pero eso no significa que seas inteligente. Es sorprendente para mí que alguien con tanto talento se haya envuelto en toda esa basura. Puedo comprender que algunos sean absorbidos por ese culto, pero ante un tipo así de talentoso uno pensaría que sería más inteligente como para permitirlo. Ocurre también con Tom Cruise, es una actor brillante, pero está en la cienciología; ¿qué tan inteligente puede ser en verdad? ¿Lo has escuchado hablar? Dios mío, carece de inteligencia.

Para finalizar, ¿qué aprendiste de aquellos años de formación en Florida, cuando tocabas en diversos clubes canciones de James Brown y Led Zeppelin?

Es maravilloso tocar la música que amas. En cierta medida, extraño aquellos días porque sentarse a tocar la música de otras personas, sin tomarse la molestia de escribirla, es bien divertido. En cambio, hacer mi propia música significa sentarme por horas a trabajar. Escribir es duro. Alguna vez alguien dijo, no recuerdo quién, que quienes se la pasan bien mientras componen música muy probablemente estén creando pura basura, y yo estoy de acuerdo. 

César Costa (A su manera, aquí y ahora)

mayo 15, 2013

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“¿Quién soy? César Costa. Tengo 54 años cantando y 38 discos grabados; el resultado de muchos años de éxitos y tropiezos. A mi manera es mi álbum más reciente, un trabajo hecho exactamente así, a mi manera”. De esta forma se presenta a sí mismo César para después detallar que Ely Guerra, Bryan Amadeus y Leonel García lo ayudaron a dar un paso adelante en su carrera, “porque me gusta recordar, pero no planeo perderme en mi pasado”.

Muchos te recuerdan por tu labor en los Black Jeans durante la llamada era dorada del rock & roll; sin embargo gran parte de tu repertorio está integrado por baladas.                   

Antes el rock & roll era sencillo de entender: había rock rápido y rock lento, no más. ¿Qué es “Love me tender”, de Elvis, una balada o un rock lento? Yo jamás hice rock acelerado, sino rítmico. Después me incliné hacia la balada, cierto, porque ésta evolucionó al grado de producir canciones tan maduras y magistrales como “A mi manera”, la cual canto en inglés en este disco, por respeto a las versiones de Paul Anka y Frank Sinatra.  

¿Te gusta el rock mexicano actual?

Cómo no. Maná, Café Tacvba, Camila…

Y Ely Guerra, a quien invitaste a cantar en este disco.

A Ely Guerra la admiro mucho, es un encanto. La invité a participar y aceptó generosamente, aunque no nos encontramos en el estudio de grabación, todo fue virtual.

También está Leonel García.

Sí, porque quería grabar una canción inédita con un compositor joven para ver que tan anquilosado me encontraba. Cuando Leonel me mandó “Gracias” me gustó mucho, así que la canté con toda mi entrega y a él igualmente le gustó el resultado. Fue padrísimo cantarla juntos.

Curiosamente trabajaste con Bryan Amadeus, hijo de Javier de la Cueva, quien solía tocar contigo hace tiempo, en los Black Jeans.

Y volví a grabar “El tigre”,  nuestro primer gran éxito como grupo. Me enorgullece recordar esos días porque entonces, por primera vez en la historia, la juventud tomó un papel activo en el quehacer artístico para así crear su propia identidad con la música como idioma. Formé parte de un rompimiento generacional que a la fecha se sigue produciendo.

Retomas igualmente “Noches y días perdidos” y “Tus ojos”, ¿qué puedes decir al respecto?

Que en su momento ni nos enteramos, pero “Noches y días perdidos” marcó el cruce del rock & roll con lo que se llamaría en el futuro “género grupero”. Fue el primer asomo, la punta del iceberg, y ocurrió a finales de los años sesenta. Con ese tema se marca el nacimiento de una especie de rock & roll muy mexicano, o norteño, o cómo quieras llamarle. Por otro lado, “Tus ojos” es una canción que canto regularmente en mis shows porque le doy el lugar que se merece. Su autor, Toño de la Villa, la cantaba muy bonito.

César, para acabar, y sin ánimo de lucir nostálgicos, ¿qué fue lo mejor de tus años  en el rock & roll?

Yo vivo el aquí y el ahora. En mi presente tengo mi pasado y mi futuro. Pero recuerdo con afecto la espontaneidad de esa época, cómo todo era más puro. Entre todos los músicos nos prestábamos amplificadores y guitarras, pero cuando el dinero apareció se perdió un poco aquel sentimiento original, tan genuino.

 

 

 

Primal Scream (Esa vieja psicodelia)

mayo 15, 2013

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Dicen que una vez que la muerte se acerca a apagar el switch de los respiros, una luz se enciende para los moribundos, quienes no tienen más que seguir ese destello antes de bajar los párpados definitivamente. “¡Luz, más luz!”, ésas fueron las últimas palabras del escritor Johan Wolfgang Von Goethe en su lecho de muerte, las mismas a las que ha recurrido Primal Scream para titular su más reciente álbum en un intento más por mantener los suspiros activados. 

No es una casualidad que las obras del escritor alemán y del grupo escocés se encuentren a últimas fechas. En realidad, los autores de Screamadelica tienen harto en común con Fausto, ese célebre personaje abordado por Goethe. Su afán por mantener intacto su espíritu juvenil y una constante tendencia a gozar sin temblores morales de todos los placeres mundanos hacen creer que, tal como Fausto hizo, Bobby Gillespie estrechó la mano de algún ente diabólico con tal de pasarla bien más allá de los escenarios. En ese sentido, More light, el disco más nuevo del combo que lidera, simboliza un espejo al cual Bobby se asoma hoy día para encontrarse con un sonido que se niega a ceder ante los embates del reloj, como si poco hubiera cambiado desde mediados de los años ochenta del siglo pasado, cuando todo arrancó.

The primal scream es un libro publicado en 1970 por Arthur Janov. En él, se plantea la posibilidad de deshacerse de la neurosis atacando los traumas que cada individuo ha ido acumulando desde la niñez, y la mejor forma de sacar a flote tal cantidad de emociones hundidas es, literalmente, gritando como un poseso (John Lennon recurrió a Janov y los resultados pueden escucharse en el álbum Plastic Ono Band, de 1970). Bien, pues Gillespie decidió utilizar esta información para darle nombre al proyecto musical que echó a andar en 1984, cuando, a la par de empuñar las baquetas en The Jesus and Mary Chain, dio vida a Primal Scream con un par de sencillos editados por Creation Records. Sin embargo, fue hasta que Bobby abandonó a los autores de Psychocandy que el tema “Velocity girl” ocupó un lugar especial en las habitaciones de los adolescentes de aquella época. Y es que dicha canción es la primera de una cinta lanzada por la NME titulada C86, un catálogo de grupos provenientes del subterráneo que a la larga se volverían míticos (el listado incluye a The Wedding Present y The Pastels, por ejemplo). 

Sonic flower groove fue el álbum debut de Primal Scream, una extensión del sonido de “Velocity girl” que, podría decirse, opera como un franco homenaje a The Byrds. Aunque el disco que le siguió (Primal Scream, 1989) no mostró vergüenza al dejar en claro que Roger McGuinn no era el único ídolo de Bobby, sino que Mick Jagger también figuraba en su repisa de santos. El ánimo Stone del plato no ayudó al grupo a engrosar su lista de fans, y en cierta medida esto ocurrió debido a que la isla británica decidió despedir los años ochenta con el acid house como estimulante y los modos de Jagger/ Richards necesitaban una aceitada para lucir nuevamente cool. Entonces, los guitarristas encontraron que tenían que compartir protagonismo con los DJ´s si planeaban seguir vivos. Radical, pero cierto. De este modo, Andrew Weatherall fue el elegido por Gillespie para trabajar en un tema, “Reloaded”. Finalmente, su labor generó un cambio tal en el sonido de la banda que, literalmente, un nuevo Primal Scream nació.

La ruta fue clara entonces para la banda: había que llevar al presente el sonido clásico del rock & roll y  Weatherall había demostrado eficiencia al conseguirlo, así que el plan fue aliarse con él y, ayudada por Jimmy Miller (productor de tres discos demoledores de los Rolling: Beggars banquet, Let it bleed y Sticky fingers) y Hugo Nicholson, manufacturar un álbum fundamental en la historia del pop: Screamadelica (1991). Un movimiento definitivo. Porque no sólo el grupo jamás había sonado así; sino que nunca la historia de la música había generado un disco como ése. Screamadelica fue el ojo del huracán para una generación que decidió mantenerse alejada del influjo que al otro lado del océano generaba Nirvana y toda la camada grunge. Se trató de un disco que, de alguna manera, se erigió como una declaración de principios, un manifiesto de resistencia frente a la nación alternativa.  Con un álbum así circulando, en el Reino Unido se aceptó que el rock había evolucionado para encontrar un hábitat amable en la pista de baile; mientras que en América las cosas parecían mantenerse intactas (al menos en la superficie).

Después, alrededor del grupo crecería un hondo y oscuro pozo llamado heroína, y mantenerse a la orilla de tal abismo no fue sencillo. Un EP llamado Dixie narco, numerosos escándalos ovacionados por la prensa barata, cambios en la alineación, una gira con un Depeche Mode instalado en la autodestrucción y el peso de haber generado un álbum del calibre de Give out but don´t give up –muy lejos de la altura de Screamadelica- fueron los factores que hicieron creer que el combo no seguiría más; sin embargo se mantuvo andando – cierto, tambaleante, luchando contra la resaca y el síndrome de abstinencia, pero de pie al fin- con Vanishing point (1997). Después, según ha dicho el propio Bobby, la banda se bloqueó “creativamente, y farmacéuticamente también”.

Para Gillespie, alejarse de las drogas no fue sencillo. De hecho, su estancia en las playas del exceso fue tan prolongada que muchos consideran que la sobriedad y las palabras Primal Scream jamás podrían mezclarse. Sin embargo, Bobby se anuncia limpio para More light, su más reciente trabajo. “Quería traspasar la era oscura para internarme en una buena”, comenta, y advierte que el plato en cuestión aloja “rock & roll energético, de dos guitarras, bajo y batería”. Para conseguirlo, el cantante se ha aliado con Andrew Innes y la producción de David Holmes, además de las participaciones especiales de Robert Plant, Kevin Shields y Mark Stewart (sí, el de The Pop Group). La cuestión es, ¿requerimos de la visión del grupo cuando acaba de hacer una gira presentando íntegramente Screamadelica (por mucho su mejor álbum)? Refiriéndose precisamente a un tema titulado “2013”, Bobby explica que lo suyo hoy día es atacar la “ausencia de disensión/ protesta/ resistencia y odio en la cultura pop contemporánea”. Gillespie se refiere al periodismo, el cine, la moda y, claro, la música, en un momento que califica de “extraño, oscuramente violento y reaccionario”.

“Luz, más luz”, solicitó Goethe antes de esfumarse. Una exigencia que Primal Scream sostiene desde su lecho, como si los vertiginosos focos de aquellos viejos raves -donde las drogas operaban como reinas en agotadoras jornadas de baile- de pronto se encontraran fundidos. Y apenas basta activar el switch para que la experiencia psicodélica se deshaga de la pausa. Y es que casi todos queremos luces otra vez. Somos muchos los que nos anunciamos listos para redescubrir los viejos discos de Primal Scream y con ellos –como Fausto hizo hace mucho- crear un acceso directo a nuestros extraviados espíritus, obviamente, con el exceso como guía de turistas.   

Love of Lesbian (El amor en los tiempos del cólera)

marzo 27, 2013

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Tras construir una reputación intachable en su natal España, se edita en México el más reciente álbum de Love of Lesbian, el motivo ideal para hablar vía telefónica con el cantante del combo, Santi Balmes.  

En Europa lanzaron Las crónica vividas / La noche eterna, un álbum doble, sin embargo en México aparece sólo un volumen, ¿a qué se debe?

Intentamos condensar lo mejor de ambos discos en uno solo para que así no sea tan caro y llegue a la mayor cantidad de gente posible. La selección de temas la hizo el sello disquero y estuve de acuerdo en el 95 por ciento de ella. En realidad, uno hace las canciones, pero la importancia de cada una de ellas la decide alguien más. 

Y esa nueva tanda de canciones se ha vendido bien en España, ya compite con el cancionero de Sergio Dalma en las listas de éxitos.

Pero, ¿quién sigue a Sergio Dalma? Personas de cincuenta años que difícilmente saben manejar un ordenador; las canciones de Sergio no se piratean mucho. Para nosotros, vender discos es un mérito doble, porque nuestro público no le da tanto valor a los álbumes. 

Aunque ambos hacen pop…

Uno puede hacer canciones  que se canten con simpleza, pero cuyas letras consideren que el público no es idiota. Ciertos escuchas están hartos del pop es predecible, nefasto. Aquello de “tú, mi amor”, no sé, ya se ha dicho muchas veces. Hay que darle a la misma historia de siempre un nuevo enfoque: intentar que no suene otra vez igual.

Arrancaste cantando en inglés, ¿tienes planes de hacer canciones en catalán?

Sí, porque soy catalán y debo pagar esa cuenta pendiente con mi idioma olvidado.

Respecto al título del nuevo plato, cuenta una historia estrambótica que hayas vivido en la noche.

Un día salí de fiesta y me encontré a dos hombres como de cincuenta años, uno dándole de latigazos al otro. Quien torturaba no se quejaba; y el otro recibía la tunda como un Cristo en Semana Santa. La situación la tomaban de lo más natural, como si estuvieran de paseo con el perro. Además, iban vestidos de ejecutivos, muy correctos.

En “Mi primera combustión” hablas de un reencuentro con cierta chica que solías amar, ¿aquello ocurrió de verdad?

Sí, y fue terrible la destrucción del mito. Descubrí que todos envejecemos y que la persona de quien me enamoré, en realidad no valía tanto la pena.

Eso me recuerda una historia de Nick Hornby donde el protagonista se empeña en citarse con sus ex novias para encontrar respuestas.

Es importante tener a alguien a quién idolatrar, contar con altares de lo que sea. De odio, por ejemplo.

Ya lo veo venir: Altares de odio, el nuevo disco de Love of Lesbian.

¡De acuerdo!

¿Boy bands y rock & roll?

marzo 27, 2013

Gritos, lágrimas y desmayos. Los chicos con guitaras eléctricas provocan eso y más cada vez que se paran sobre un escenario, como si se tratase de los integrantes de One Direction o los Backstreet Boys haciendo coreografías frente a sus desquiciadas fans. La pregunta es: ¿grupos como The Strokes o The Vaccines podrían calificarse como boy bands? 

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Porque esas señoritas que pierden la compostura en decenas de festivales veraniegos alrededor del mundo bien podrían taparse los oídos y mantener su estado de euforia inalterable mientras los de la tarima sudan sangre con tal de infectar de voltaje a quienes tienen enfrente. Lo mismo le pasó a The Beatles hace décadas; los gritos que las adolescentes les arrojaban cada vez que ellos sacudían la cabellera no permitían que se escuchara lo que escupían sus amplificadores. Entonces había mucha tensión sexual y muy poca música, pero la culpa la tuvo el rock & roll porque, a diferencia del blues o el jazz, una vez que le cambió la voz decidió que el espejo sería su mejor compañero. Por eso la sensualidad de Elvis mató a la buena onda del cachetón Haley, y por eso también los Monkees (quizá el primer producto netamente fabricado con goma y vendido por la TV como si contara con alma) le tomaron el pelo a chicas que, incluso, se atrevieron a compararlos con los Beach Boys (por cierto, busquen en youtube “Surfin USA” y chequen las coreografías de esos californianos). 

Así como Brian Epstein uniformó a Lennon y los suyos para quitarles el filo de teddy boys con el que contaban, Malcolm McClaren mal aconsejó a un puñado de punks ingleses que se hacían llamar los Sex Pistols. Se trata, en apariencia, de polos opuestos, sin embargo ambos grupos contaban con una identidad estética perfectamente trazada por una mente maestra, como si de boy bands se tratase. Y si de fachas hablamos, la perfección sería alcanzada por los Ramones: un quinteto de gamberros cuya actitud marcaría un nuevo estándar si de lucir provocador –y encantador al mismo tiempo- se trataba. The Strokes aprendieron bien ese truco, y también The Libertines; un par de combos que, si presionamos el botón de mute, bien podrían pasar como un conjunto de modelos incluidos en la nómina de la Elite Model Managment (nada menos que la empresa que, curiosamente, lidera el padre de Julian Casablancas).

Pero no todo ha sido “desobedecer”, también los bien portados despiertan pasiones entre las fans. Porque así como en Take That o Menudo hubo personajes cincelados delicadamente (del rudo de mala madre al tierno rompecorazones), combos como The Smiths, Blur y The Drums han formado con su lindo y perfumado perfil una consistente hilera de chicas que escurre saliva apenas alguno de sus ídolos enseña los dientes; mientras otros más salvajes, como Black Rebel Motorcycle Club y The Vaccines, ponen su cara menos amistosa en las sesiones de fotos y bajo los reflectores para así ganarse el lugar de honor en las paredes de las habitaciones donde duermen las niñas más desobedientes de la secundaria. En ese rol, Kurt Cobain, al mando de Nirvana, ocupa la pasta de tantos cuadernos escolares como lo ha hecho Ricky Martin. Y es que así como en los noventa miles de corazones se ablandaban cada vez que los New Kids on the Block hablaban de sus desencuentros amorosos, la congoja se apoderaba de las adolescentes que descubrían que Cobain era tan dulce y delicado como una dona glaseada, pero al mismo tiempo se mostraba lo suficientemente molesto como para usar su guitarra como una hacha. Desafortunadamente el zurdo jamás pudo con el peso de convertirse en estrella y su suicidio tuvo lugar una vez que descubrió que, a nivel mediático, entre él y ´N Sync muy pronto resultaría complicado localizar diferencias.

La realidad es que las cantidades de dinero, drogas, groupies y lamebotas que los integrantes de una boy band poseen son similares a las que tienen a su alrededor los grupos de rock; sólo que los primeros gozan a tope su condición y los segundos regularmente fingen lamentarse. Y aunque los rebeldes lo nieguen, en realidad todos los rockstars se encuentran sujetos a los planes de su sello disquero y están obligados a entregar cuentas claras a los empleados de la empresa que ellos mismos regentean (eso de que son libres dista mucho de ser real). Por otro lado, si se realizara un estudio respecto a cuánto tiempo pasan los músicos de rock frente al espejo -ensayando su mejor pose, calibrando a qué altura deben colgarse la guitarra y, lo más importante, practicando saltos cada vez más altos sin que éstos les impidan desatender el diapasón de sus instrumentos- se llegaría a la conclusión de que estas armas, infalibles a la hora de los conciertos, son el equivalente a las horrendas coreografías que los chicos plásticos ensayan durante horas, también, frente al espejo.

Regidas bajo las leyes del pop, las boy bands del rock & roll coleccionan adulaciones gratuitas con naturalidad. Ha ocurrido desde los Rolling Stones hasta los Hives, pasando por Oasis y los Artic Monkeys. Fenómenos de ventas al fin, nos seguiremos topando con ellos y sus modos en las tapas de las revistas, en las primeras planas de la prensa rosada y encima de toda clase de tarimas; sonriendo, llevando a cabo sus estudiadas coreografías. Y tal como las niñas gritonas que berrean por un guiño de Bieber hacen, vamos a fingir que no pasa nada grave; que estamos frente a sujetos que no han vendido ni un gramo de su integridad y que no aceitan el vulgar engranaje de la industria del entretenimiento con sus canciones. Vale la pena creerles cuando dicen que estar de moda les importa un carajo y que su oficio es uno: el rock & roll. Después de todo, tal como ocurre con las boy bands, la ilusión forma parte del contrato, ¿cierto? Así que el tinglado debe mantenerse intacto mientras los gritos, las lágrimas y los desmayos sigan existiendo allá, en la multitud.


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